Hay hombres y mujeres en los pueblos que son necesarios, para que en su historia sean un referente, para las generaciones futuras. Su trabajo, sus hechos y por qué no decirlo, las circunstancias que les tocó vivir, son motivos más que suficientes, para que sean distinguidos. Así, los pueblos agradecidos saben que en ello les va, lo de bien nacidos, al reconocer los méritos por las tareas desarrolladas en favor de los demás. Tareas, no solo por oficio, sino por vocación de servir. De esta manera, la memoria de los pueblos conserva en sus páginas a esos hombres y mujeres que los han engrandecido.
Este es el caso de un hombre sencillo, servicial, educado, amable y de gran corazón: Pedro Cartagena Bueno, que tuvo la dicha de vivir esos momentos, algunas veces fáciles y otras duras, en los que la antesala de los despachos ministeriales se hacían eternos y en las que el tiempo no importaba si la espera redundaba y traía consigo algún logro para su municipio.
Pedro Cartagena tuvo la dicha de vivir una de las etapas más difíciles y sugestivas en la historia reciente de España, y por extensión de Orihuela: la transición democrática. Así, con acierto, sin traumatismos innecesarios supo guiar en su ciudad esos momentos. Prueba de ello, ha sido el reconocimiento público y unánime por parte de todos grupos políticos representados en nuestro Ayuntamiento, aceptando la petición popular e institucional de numerosas entidades para que fuera distinguido como Hijo Predilecto de la Muy Noble, Leal y Siempre Fiel Ciudad de Orihuela.
Desde 1962, hasta 1979 estuvo vinculado al Excmo. Ayuntamiento. Primero como concejal, después como alcalde accidental y, por último como afectivo. De muchas de sus gestiones, hoy estamos disfrutando en nuestro Municipio. A modo de ejemplo, reseñemos tres de sus logros: el primero, la presencia de la Universidad Miguel Hernández y su Campus de los Desamparados, con su Escuela Politécnica Superior heredera de aquella primera sección delegada de la Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola de la Universidad Politécnica de Valencia, de la que se independizó posteriormente y para la que consiguió los terrenos necesarios para la ubicación de la misma. Aunando, para ello la generosidad de aquellos primeros treinta alumnos matriculados, que eran necesarios para poder establecer dicha sección delegada.
El segundo, la consecución de que el Palacio Episcopal fuera catalogado como monumento nacional, cuyo expediente fue personalmente impulsado por él, y en cuyo edificio hoy podemos disfrutar de uno de los mejores museos diocesanos de España, en el que se muestran fondos procedentes ya no sólo diocesanos, sino también municipales y del Patronato Histórico Artístico de la Ciudad de Orihuela. El tercero, está en relacionado con dicho Patronato, al ponerlo de nuevo en marcha, reconvertido en fundación.
Son innumerables los logros alcanzados por nuestra ciudad gracias a Pedro Cartagena Bueno. Pero, baste con los tres citados como muestra para justificar esta nueva distinción en su persona para que sirva de ejemplo de esa pléyade de hombres y mujeres que engrandecen a nuestra tierra. Puesto que, hombres como él, son los que necesitan los pueblos. Hombres conciliadores, son los que precisan sus gentes. Hombres desprendidos, abiertos y fieles al servicio para los demás, son los que perduran en la historia. Y, Pedro Cartagena Bueno, Don Pedro, desde sus años dedicados a la ciudad de Orihuela ya ha hecho historia, ya es historia viva de su tierra. Nos alegramos, por su nombramiento como Hijo Predilecto y nos congratulamos por él, por su familia, por sus amigos y por Orihuela.
Mañana, Pedro Cartagena Bueno recibirá su nombramiento y estampará su rúbrica en el Libro de Oro de la Ciudad, en el que aparecen aquellos hombres y mujeres que con anterioridad fueron elegidos para ostentar alguna de las muchas distinciones que se recogen dentro de los honores que otorga el Excelentísimo Ayuntamiento de Orihuela. Ciudad, que como madre agradecida deja constancia con ello de su nobleza.