El Alicante es como un enfermo cuya pervivencia depende de una máquina que le permita mantener sus contantes vitales. En el caso de la entidad celeste, en lugar de una máquina, es el corazón de sus aficionados el que le impide pasar a mejor vida. Aún siendo conscientes de que quizás lo mejor sería no alargar la agonía, para los seguidores es difícil ver cómo desaparece su club y se niegan a ello.
Ayer tuvo lugar una nueva asamblea de socios celestes. Ya van unas cuantas en los últimos tiempos, en los que el cáncer que padece la entidad en forma de agujero económico se ha ido haciendo cada vez más grande hasta el punto de ser prácticamente incurable.
Después de que el equipo descendiera a Tercera División en los despachos por las deudas que arrastraba con jugadores, el hecho de que el Alicante pudiera poner en marcha de nuevo su maquinaria fue una gratísima noticia para los aficionados celestes, culpables en gran parte de ello.
Finalmente, el Alicante encontró en la figura de Raúl Díez una nueva tabla con la que intentar evitar el naufragio. Sin ninguna vinculación anterior a la entidad y con la promesa de llevar tras de sí un grupo de inversores brasileños, Díez fue elegido como nuevo presidente de la institución.
Pero el problema no se quedaba sólo en encontrar una cabeza que capitaneara la nave, también había que hacer frente a pagos innegociables para poder competir. Pagar a Vicente Borge, el entrenador las dos temporadas anteriores, era una obligación y el Alicante logró salvar el escollo a última hora (gracias, en parte, a que desde la Federación se miró hacia otro lado y se validaron las fichas federativas de los jugadores para la primera jornada sin que el pago se hubiera llevado a cabo).
A partir de ahí, encontrar dinero de debajo de las piedras ha sido el trabajo diario en la entidad alicantinista para intentar solventar el día a día de la institución. Hasta que ya no hubo para pagar y los futbolistas dejaron de cobrar e, incluso, se dejó de pagar a algún colegiado lo que provocó la dimisión de varios directivos.
El presidente Raúl Díez perdió toda la credibilidad ante su plantilla y sus aficionados y acabó presentando la dimisión justó después de escuchar la amenaza de su equipo de no presentarse a jugar en Novelda si no se solucionaba, al menos, el cobro de parte de lo que se les adeudaba y se mejoraba las condiciones de entrenamiento del equipo (que llegó a trabajar con únicamente siete balones, entre otras precariedades).
El Alicante jugó en Novelda, al igual que hizo el domingo contra el Jove Español de San Vicente. Pero la situación es insostenible para el entrenador Joserra y para unos futbolistas que, sin cobrar grandes cantidades, querían percibir lo que les pertenecía.
Entre el equipo y la afición ha existido una gran comunión y casi un agradecimiento mutuo por el apoyo que los unos han significado para los otros. Pero el choque del domingo fue una despedida porque, tal y como había quedado pactado, los jugadores que lo deseen (a lo largo de la temporada ya se han marchado varios) cuentan con la carta de libertad para abandonar el equipo.
¿Y ahora qué? ¿Va a dejar de jugar el Alicante? Pues no, porque su afición se resiste a dejarlo morir. De momento, la decisión es la de hacer fichas del primer equipo a jugadores que forman parte de las categorías inferiores, del mismo modo que también tendrán cabida en la plantilla otros futbolistas que se han ofrecido para jugar en el club sin percibir cantidad alguna como contraprestación a cambio de poder jugar en Tercera y promocionarse. Entre ellos, algunos exfutbolistas celestes.
Casi de forma milagrosa, el Alicante está en estos momentos fuera de los puestos de descenso a Regional Preferente, pero su futuro deportivo se augura aún más complicado de lo que ha sido hasta el momento por los cambios que va a sufrir la plantilla.
Pero la afición celeste mantiene vivo su objetivo, que el Alicante no desaparezca. La primera meta es poder jugar el próximo partido frente al Muro. Luego será jugar contra el Torrevieja y así hasta completar, al menos, lo que resta de temporada con la esperanza (dicen que es lo último que se pierde) de que aparezca un mecenas salvador que evite sobre la campana una liquidación que amenaza al club cada segundo que pasa.
La asamblea
De momento, en la asamblea de ayer se elegió una nueva junta gestora que será la responsable de conducir la nave celeste ante la ausencia de un presidente. En la reunión de ayer, que se celebró en los vestuarios del campo de Villafranqueza, estuvieron presentes alrededor de un centenar de socios. Entre ellos hablaron de que la opción de hacer donativos, según las posibilidades económicas de cada uno, para salvar semana a semana la presencia del primer equipo en la competición. Fue una reunión no excesivamente larga, en la que salieron elegidos algunos de los aficionados más jóvenes para seguir luchando por el club.