Este humanista conquense ha sido durante muchos cursos profesor titular de Antropología en la Escuela Universitaria Cardenal Cisneros de la Universidad de Alcalá de Henares y profesor asociado de Didáctica de la Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. Es doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid y autor de numerosos artículos y publicaciones de carácter literario, filosófico y educativo. No obstante, en este 'Viajar es vivir -con otro acento-', propone un nuevo concepto: un libro diferente, intenso, bello, inter-disciplinar, hondo y ligero a la vez, basado en el «saber mirar» y «saber contemplar».
-¿Cómo describiría el libro que disfrutarán sus lectores?
-Se trata de un libro de viajes diferente, con una cadencia especial, con otro acento, con otra melodía de fondo. Es un libro intenso y hondo, pero fluido y fácil de leer, muy cuidado y preciso en sus detalles y datos informativos, pero escrito en una prosa poética y sentida, que lo hace muy apetecible. En realidad es una autobiografía viajera. Se trata de saber ver, saber mirar y saber contemplar con mis lectores la compleja y rica realidad que nos ofrecen los viajes. Me interesa todo: paisaje y paisanaje, arte e historia, antropología y vida. Todo.
-¿Cuántos viajes ha realizado para escribir el libro y cuántos, si los hay, ha realizado y no ha podido relatar?
-En el libro aparecen trece viajes, treces aventuras viajeras, trece capítulos, a los que cabe sumar aparte el prólogo y la introducción, muy necesarios para comprender el sentido del libro. Efectivamente, tengo otros viajes escritos que no han cabido en esta obra, otros que ya aparecieron en publicaciones anteriores, y otros que, si Dios quiere, saldrán a la luz en el futuro.
-¿Qué hace para poder recordar y seleccionar sus vivencias viajeras?
-Cada viaje ha surgido de un sueño, de un proyecto, de una ilusión por conocer un nuevo lugar. Mi mujer, Pepita, ha sido siempre mi compañera de viaje, y mis tres hijos, ahora ya mayores, nos han acompañado en muchas ocasiones. Primero, nos documentamos ampliamente con guías, datos e informes. Luego, realizamos el viaje con los ojos bien abiertos, disfrutando de todas las experiencias y vivencias, tomando notas, haciendo muchas fotografías y, finalmente, con todo el material, con todos los recuerdos a flor de piel, ya en casa, describo, narro, perfilo y doy cuerpo literario al viaje.
-¿Qué le aporta, a cada persona que viaja, el mero hecho de viajar?
-Los viajes, decía Descartes, sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarnos del prejuicio de que sólo se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado en la propia patria. Los viajes nos hacen más abiertos, comprensivos, inteligentes y sensibles, al darnos cuenta que en todos sitios hay bondad y maldad, belleza y fealdad, buenas y malas gentes. Es la llamada 'Luz de la Antropología', que dice que todos pertenecemos a la especie humana, aunque presentemos distintas e interesantes caras y perspectivas. Viajar es vivir con intensidad, abrirse al mundo, dar y recibir, volver a tu casa cargado de hermosas experiencias que luego nos aliviarán del duro camino de cada día. Como dice la famosa película, 'Siempre nos quedará París.', yo añado o Praga, o.».
-Las habituales guías de viaje están plagadas de fotografías y mapas. ¿Por qué se decidió a emplear la narrativa?
-La fotografía y otros recursos audiovisuales son, sin duda, medios muy importantes en nuestro tiempo, pero siempre como complementos del ejercicio mental y lingüístico. Yo, como catedrático de Filosofía, me he movido siempre en el plano del pensamiento y la palabra, sin desechar, por supuesto, los medios audiovisuales. Pero, antes de nada, hay que enseñar a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a saber mirar, a saber pensar, a saber expresar correctamente lo que se piensa. Esos son los grandes retos que hoy día tiene planteados la educación.
-¿Cómo describe su prosa, mediante la que se atreve a describir tan pictóricos momentos?
-Debo confesarle que me siento un «espíritu» interdisciplinar, abierto e interesado por muchas cosas, porque estoy convencido, con mi maestros Giner de los Ríos y Cossío, de que todo está en todo, y que no hay nada más mostrenco, como dijo Ortega, que «un especialista cerrado en su exclusivo ciencia y que desprecia cuanto ignora». Digo todo esto porque, según ha sido el objetivo de los libros que he escrito, sea filosófico, educativo, lingüístico o poético, he procurado emplear un lenguaje adecuado a dicho objetivo. Quizá la nota común distintiva de mi estilo pudiera ser ese toque de humanismo poético, inspirado en raíces cristianas e ilustradas, arraigado en la mejor tradición de la filosofía española, que intenta ser profundo sin perder la claridad. Ojalá lo consiguiera.
-¿Cuáles son sus próximos viajes programados y, por ende, sus proyectos literarios?
-Como decían los clásicos: la vida es breve y el arte largo. Hay tantos rincones por ver. Incluso, hay tantos rincones por volver a ver. En España, en Europa, en el mundo entero. En este momento no tenemos ningún viaje programado, aunque, al estar ya jubilado y no tener un horario académico y laboral estricto, el proyecto puede surgir en cualquier momento. Ahora, ando ilusionado con otros proyectos de carácter educativo y lingüístico. Lo importante es no perder la ilusión, estar siempre vivo, en tensión ascendente, disfrutar de la vida procurando hacer el bien a nuestro alrededor, intentando ser feliz y hacer felices a los demás.
-Ahora está jubilado, pero mientras ejercía la docencia, ¿cómo sacaba tiempo para realizar todas las actividades que realizó?
-En realidad, siempre me he sentido y me siento profesor, maestro, que ha intentado, modestamente, sembrar alguna idea, alguna sensibilidad, algún sentimiento en el alma y en la mente de mis alumnos. El escribir es una prolongación necesaria de esa vocación filosófica y educadora. Para mí, la filosofía debe ser «paideia», educación ética y estética. Mis libros y artículos me permiten abrir esa perspectiva a más gente. He de decir que los viajes los hemos realizado siempre en vacaciones y a lo largo de muchos años, prácticamente a lo largo de toda nuestra vida: era como cargar el espíritu de energía para luego seguir trabajando con entusiasmo. Para viajar, creo yo, no hace falta mucho dinero, ya que ser viajero no es ser turista, sino inquietud intelectual y estética, ganas de aprender y de soñar.