Tomarse un té con limón o un gin tonic en la Vega Baja es algo habitual en cualquier establecimiento hostelero, pero hacerlo a diez grados bajo cero en cualquier país de Centroeuropa es algo más complicado. Una pieza de este cítrico puede alcanzar con facilidad los dos euros en los supermercados, por lo que se hace necesario un producto más barato.
Con esta idea partió la conservera Hola para innovar en un mercado bastante explotado en nuestra zona y la vecina Región de Murcia. Aunque con la innovación se ha podido dignificar el limón, un producto maltratado en los mercados nacionales pero que tiene un gran prestigio en lugares más fríos de Europa.
Esta empresa familiar ubicada en la huerta de Orihuela ha sabido darle un nuevo uso al tradicional limón que se vendía en mallas o incluso por piezas en el extranjero. Se trata de latas que contienen limones a rodajas para cócteles, bebidas calientes como infusiones e incluso como guarniciones de algunas recetas. De esta forma consumidores de Polonia, República Checa y Alemania pueden acceder a lo que allí es un 'producto gourmet', sobre todo porque los bancales de limoneros están a miles de kilómetros al sur. Aunque cabe destacar que las latas de kilo y tres kilogramos también se envían a Navarra, donde se cultivan otro tipo de productos que necesitan menos grados centígrados.
Antonio Torres, portavoz de la empresa, explica que «gracias a este producto se evitan los posibles cortes y no hay ningún desperdicio». Tras varios meses de trabajo en laboratorios de microbiología se pudo dar con una fórmula que permite que, tras un envejecimiento acelerado, el limón no pierda sus nutrientes ni sabor. Una solución I+D que se le ha dado, en contraposición a dejar perder los huertos como sucede en gran parte de limonares de la comarca, donde este cítrico hace años que dejó de ser rentable por su devaluación y por la intervención de los intermediarios.
«Ser un producto con un ph bajo favorece a que no se desarrollen ningún microorganismo», comenta el conservero. Torres explicó que «el líquido que acompaña las rodajas lleva un poco de sal y cítrico», y añade que «antes de sacarse al mercado ha llevado muchos controles sanitarios y pruebas, aunque de cada lote se realiza un exhaustivo examen, tanto del interior como del envase para evitar que no salgan defectuosos».
La empresa Hola, comenzó a operar hace unos quince años, «como complemento al almacén de verduras», si bien en los últimos tiempos ha adaptado su producto a un sector específico como el cliente que busca materia prima para ensaladas. Para ello, utilizan apio rallado, remolacha, maíz, ensaladas chinas, alcachofas, «en definitiva trabajos siempre con cadenas hoteleras», con lo que lo que gran parte de las partidas tienen como destino las Islas Baleares.
Esta conservera tiene la peculiaridad de que casi toda la materia prima que utiliza viene de sus tierras, «trabajamos en Cartagena, Moratalla y Valladolid, ya que nos gusta controlar el producto desde el principio», comenta el gerente Torres.
Así las cosas, las piezas de este fruto amarillo ya calibradas pasan por el mismo proceso que cualquier otra verdura, se corta, le aportan un pre escaldado, y se le acompaña de un líquido conservante. Para evitar posibles bacterias se pasteuriza y listo para servir.