Se cumplen treinta años de los primeros casos de sida. Desde 1981, el virus del sida ha dejado en el camino más de 25 millones de muertos en todo el mundo. En los países más desarrollados, no es ya una 'condena a muerte' y los últimos tratamientos antirretrovirales han convertido esta infección en 'crónica'. Aunque, pese a las campañas de prevención, las infecciones por VIH siguen produciéndose; en España, más de 3500 casos cada año.
Mejorar la prevención de nuevos contagios en la población más joven sigue siendo un objetivo prioritario. El 60% de las consultas que recibe el teléfono de información sobre VIH/sida gestionado por Cruz Roja son de jóvenes entre los 23 y los 35 años.
La educación en sexualidad y afectividad es una de las principales herramientas a la hora de abordar la detención de esta pandemia. Los jóvenes, aunque han crecido con una información privilegiada estos 30 años de convivencia con la enfermedad les deja con muchas lagunas respecto a todas y cada una de las conductas sexuales susceptibles de contagio y una notoria pérdida de percepción de peligro.
El adelanto en la edad de inicio de las relaciones sexuales, el modelo de relación de pareja seriada 'estable' característico de la adolescencia da pie a relaciones sexuales sin preservativo. Las prácticas de riesgo son más frecuentes entre los hombres pero la conducta de las mujeres más jóvenes tiende a acercarse al patrón masculino. Las mujeres continúan dejando la responsabilidad del uso del preservativo en manos de los hombres y todavía persisten conocimientos erróneos sobre los mecanismos de transmisión del VIH que, entre otras cosas, generan actitudes discriminatorias hacia las personas infectadas.
Debemos seguir informando y concienciando a los jóvenes sobre los métodos de prevención, las conductas que sí son de riesgo y las que no, la necesidad y facilidad de la prueba de VIH ante un contacto de riesgo&hellip Son muchos los jóvenes que siguen teniendo dudas, como muestran en los espacios de la Asesoría Psicosexual respecto a los métodos que sí son efectivos, la vulnerabilidad al contagio durante las relaciones sexuales en parejas estables, el placer con el uso del preservativo, la profilaxis en prácticas no coitales&hellip
Precisamente por tratarse de una etapa en el ciclo vital donde la convivencia con iguales tiene un sentido identitario muy importante, no debemos perder de vista la promoción de actitudes afectivas que faciliten la responsabilidad sobre la salud sexual. Las habilidades sociales positivas permiten el diálogo sincero sobre métodos de prevención, por ejemplo, la petición de la prueba de VIH a la pareja, plantear prácticas sexuales alternativas, decir no a prácticas de riesgo, etc... Habilidades que desde todas las instituciones, incluida la familiar, hemos de potenciar también en los espacios mas íntimos de nuestros jóvenes.
No por ser muy repetido es menos cierto que la responsabilidad en la lucha contra el sida es de todos.
Laura Cuadrado es psicóloga y sexóloga de Infojove, centro de información juvenil de la Concejalía de Juventud