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Ladrones y vándalos convierten en ruinas las antiguas casas de la huerta de Alicante

31.10.11 - 01:34 -
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Vídeo: M.R.S.|A. P.
Lo que no consiguieron los piratas berberiscos ni las incursiones de las escuadras francesas, lo ha hecho el expolio, el vandalismo, el desinterés y el olvido. Se conoce como 'Casas de la Huerta' a los grandes caserones de noble porte construidos en fincas pertenecientes a la sociedad adinerada alicantina cuando las tierras de La Condomina, San Juan, Muchamiel y Villafranqueza, conformaban una rica y productiva extensión agrícola. La referencia documental más antigua sobre su existencia data del año 1315, aunque en la actualidad, las más antiguas que se conservan corresponden al siglo SXVI. Según sostiene Santiago Varela en su libro 'Arquitectura residencial en la huerta de Alicante', el conjunto de estas casas se levantó junto a la red de caminos y las acequias de riego, y buena parte de ellas se construyeron sobre la base de otras anteriores. Algunas de sus fuentes documentales hablan de más de 800 grandes caseríos a lo largo de toda la huerta, lo que, según este autor, daría muestra de la enorme cantidad que ha debido desaparecer durante los dos últimos siglos. Ya en el siglo XIX, quedaban menos de un centenar, según la enumeración que dejó escrita el cronista Rafael Viravens. Y esa cifra no ha parado de descender.
Es difícil hablar de cuántos han sucumbido a los efectos del paso del tiempo y al abandono de su actividad original, aunque, como afirma Isidro Buades, cronista oficial de la villa de San Juan, «sí podemos decir que a día de hoy la mayoría ha desaparecido». Atrás quedan los días de esplendor de la huerta. Olivos, almendros, gusanos de seda y viñedos hacían de las fincas «verdaderas máquinas de hacer dinero». Según relata Buades, el fondillón, que también se producía en La Condomina, fue en el pasado uno de los más apreciados dentro y fuera de España. «Lo demandaban todas las casas reales europeas, y su fama lo llevó incluso a Rusia». Entre los testimonios que dan prueba de su prestigio, cita la elogiosa referencia que de él hace el escritor francés Alejandro Dumas en su famosa obra 'Los tres mosqueteros'. Relata el cronista que el auge del vino de Alicante vino propiciado por una enfermedad de la vid que arrasó en Francia buena parte de sus viñedos. «Familias francesas muy adineradas, como los Maisonnave, compraron fincas y palacetes en la huerta alicantina y la cubrieron de viñas». Al esplendor, le siguió la decadencia. «A principios del siglo XX la enfermedad de la vid llegó a Alicante y en diez años acabó con la producción de vino. La mayoría de aquellas familias vendieron entonces sus fincas y se marcharon. Ya no les interesaba España». Con el abandono de los cultivos comenzó para aquellas casonas de la huerta el principio de su decadencia y, en muchos casos, de su desaparición.
Tres épocas históricas
Las casas de la huerta alicantina, según detalla Juan Varela en su libro, tenían unas características arquitectónicas comunes que pueden apreciarse en las pocas que todavía siguen en pie. Su conjunto corresponde a tres épocas históricas diferenciadas. Las más antiguas que se conservan corresponden a los siglos XVI, XVII y XVIII, y a esta primera época pertenecen las casas que tienen integradas las denominadas 'Torres de defensa'. Disponen de un vestíbulo de gran amplitud que sirve de distribuidor con respecto al resto de las dependencias de la casa. Cuentan con establos, bodegas, almazaras y almacenes para las cosechas o los aperos de labranza. También son elementos característicos las capillas, los pozos y los arcos de sillería o mampostería construidos tanto en el interior de la vivienda como a la entrada de la finca.
A finales del siglo XVIII hay una segunda época constructiva que da muestra de la influencia del neoclasicismo. En este periodo, según Juan Varela, no se construyeron más que una decena de casas, la mayoría en Muchamiel. El ejemplo más destacado es 'Peñacerrada'. A mediados del XIX impera ya el eclecticismo. Las casas de la huerta pertenecientes a esta última época se levantaron sobre todo en la actual avenida de Denia, antes y después de Santa Faz.
De nobles caserones a casas en ruinas
¿Qué queda de todas aquellas casas de noble porte? En comparación con las torres de la huerta, han corrido mucha peor suerte. La mayoría ha desaparecido del todo o está en ruinas. Según Alfredo Campello, integrante de las asociaciones culturales Alicante Vivo y Lloixa, el desarrollo urbanístico de los últimos 20 años ha acelerado mucho el proceso de degradación y derribo de estas construcciones. En Alicante, las casas de la huerta, como tales, no están protegidas. Sólo cuando están adosadas a una torre de defensa quedan dentro de su entorno de protección y, por tanto, cualquier actuación sobre ellas queda sometida a la autorización de la Conselleria de Cultura. En Sant Joan sí lo están, aunque en diferente grado, desde el año 1995, y en Mutxamel algunas de ellas están incluidas en el catálogo de bienes protegidos del nuevo Plan General de Ordenación Urbana. «De todas formas la protección en realidad no sirve para nada. Con el abandono de los propietarios llega el robo, el vandalismo y su rápido deterioro así que en poco tiempo ya no queda nada por proteger», asegura Campello.
Un ejemplo es lo ocurrido con la casa anexa a la Torre del Ciprés, ubicada en La Condomina, que únicamente conserva parte del arco de entrada y la capilla. Algo similar ha sucedido de manera más reciente con la casa de Torre Conde, también en la Condomina. Su torre, del siglo XVI, ha sido recientemente restaurada por una empresa constructora, pero de la casa anexa, de antigüedad no muy posterior, sólo quedan ruinas. «La casa era bastante grande. Cuando la condesa de Torrellano despidió al último casero y la cerró, a pesar de que tapió puertas y ventanas, la robaron entera. Se lo han llevado todo. Una máquina excavadora con cables de acero la tiró abajo para llevarse los sillares, los forjados y todos los materiales que sirven para hacer chalets», relata Alfredo Campello. Ha sido uno de los expolios más recientes. La casa está completamente en ruinas «y se han llevado hasta la alambrada que habían instalado alrededor». Finca Carreres, levantada en el linde de La Condomina y la Albufereta, también ha sido abandonada, y su deterioro es muy rápido. Ante la pregunta de por qué los propietarios abandonan estas casas, Alfredo Campello lo ve claro: «El terreno donde están vale mucho. La gente prefiere que le den dinero y dejar perder la casa antes que invertir en restaurarla».
Las que quedan
Algunas casas, las menos, siguen habitadas por particulares. Es el caso, por ejemplo, de las anexas a Torre Las Águilas, y Torre Santiago, en la Albufereta, Clavería, en la avenida de Denia, o las conocidas como Torre Boter, Torre Juana o Las Cadenas, situadas todas ellas entre La Condomina y Sant Joan.
Otras, han sido reconvertidas en negocios hosteleros, como es el caso de la Torre de Don García, -centro comercial Torre Golf-, Torre Rejas y Torre de Bosch - en La Condomina-, Finca Espinós -hoy hotel restaurante Torre de Sant Joan- , Torre de Las Paulinas, en Mutxamel o la Finca Abril.
En algún caso puntual han pasado a propiedad pública y han sido restauradas. En este grupo se enmarca Villa Marco -en término municipal de El Campello- y la casa de Torre Sarrió, en la rotonda de la avenida alicantina de Miriam Blasco. La Torre y la casa de Ansaldo, en San Juan pueblo, es otro ejemplo de las pocas que son de titularidad municipal, pero se encuentra en un importante estado de degradación. Es una de las casas más antiguas que se conservan. Fue construida entre los siglos XV y XVI, y estuvo considerada en su día como una de las mejores fincas agrícolas de la huerta de Alicante. En los últimos tiempos ha sido utilizada como oficina de ventas de las promociones inmobiliarias de esta zona de San Juan, como sede de la Iglesia Evangelista y como almacén municipal. Su posterior falta de uso la está reduciendo a ruinas debido a los actos vandálicos, y a los sucesivos robos de materiales.
Otras que también continúan en pie pero que han sido abandonadas son la finca San Clemente, situada en Vistahermosa junto a la entrada a la autovía, o El Pino, entre Vistahermosa y Santa Faz.
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