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Vosotras me acostumbrásteis

ORIHUELA

Vosotras me acostumbrásteis

02.10.11 - 02:09 -
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Hace tres meses decidí dejar de escribir y descansar. Así lo hice. Estaba cansado. Y como pueden apreciar, después de este tiempo de solaz he vuelto con más energía. Mi reconocimiento a este periódico que me recibe, otra vez, con agrado. Como es mi primer escrito después de unas vacaciones 'idílicas' en Torrevieja, voy a relatar algo suave, sensiblero y tal vez descafeinado, pero es lo mejor para entrar en escena: no hacer mucho ruido, no levantar ampollas&hellip Pasar como en la mili, o sea ni por listo ni por tonto, pero aparecer.
Hablando de mi estancia en la Ciudad de la Sal, todo ha transcurrido normal. Por las mañanas paseando con mi 'lazarillo' favorito, mi mujer, cogidos de la mano para no caernos y así evitar las peligrosas baldosas de la calle Pedro Lorca, así como las heces de los perros y los desniveles de las cocheras. Luego, desayuno y paseamos por el pueblo, donde nos tropezamos con media Orihuela, parón va parón viene. Sería llevadero si Laura se limitara a saludar, pero es que tengo una mujer que la paran hasta las farolas. Laurita tiene la virtud de convertir un rápido y cordial encuentro en una tertulia de las de Ana Rosa, con café, copa y puro. Me duelen los pies y me siento en un banco de piedra. Veo que termina y se mete en una tienda; luego a otra y a otra. Espero caliqueño en ristre su salida.
Por fin, La sigo por el centro y oigo que me llaman: «¡Alberto! ¿Dónde vas?». No era mi mujer esa señora a la que seguía y que me mira extrañada. Disculpas aceptadas. Falta el pescado y a casa. Más parones a la vuelta. Llegamos. Yo aguanto. Hemos pasado los dos meses de verano juntos, sin separarnos y resulta que esta semana, Laura ha estado de viaje y un servidor iba por la calle «como pájaro sin 'niar'». ¡Cuánto la he echado de menos! Me pongo triste porque no va a mi lado. En la cafetería, en la tienda,&hellip Y la noche es muy larga.
Ya que tengo costumbre de dormir en el larguero de la cama, ahora, con todo el lecho para mi, no sé disfrutarlo Y como un servidor es un prejubilado, he notado en falta su beso cuando va a trabajar y me dice en voz baja «aquí te quedas pillo». Son muchos años al lado de las mujeres que quiero, mi esposa, mi madre, mis hijas y ¡hasta mi suegra!
Las mujeres son muy importantes en la vida de los hombres ¡qué sería de nosotros sin las mujeres! Pero hay un problema en estas relaciones; y es que nos enseñan muchas cosas, pero jamás a vivir sin ellas. Mi mujer encauzó mi vida, mis hijas llenan mi mente, mi suegra me mima y mi madre&hellip
Ya estoy en sintonía con el otoño y se acercan fechas que me ponen nostálgico. Pero no soy el único, todos sentimos lo mismo, dicho de una manera u otra, lo que ocurre es que yo puedo compartirlo con más gente que los demás. Ayer me tropecé a una vecina, cuyo padre acababa de morir y le llevaba flores al cementerio. Estuvimos charlando le quería tanto&hellip Y él la protegió con tanto cariño que la muchacha parecía como desnuda sin su padre. «Le echo mucho de menos. No me acostumbro a moverme por la vida sin verlo, darle un beso y abrazarlo», me decía. Y es que eso mismo me pasa a mí con mi madre. Hace más de un año que murió y mi mujer que dice que no me pase besando sus fotos, que es de maniáticos. Y no le falta razón porque tengo que cambiar los marcos muy a menudo de la batalla que le doy.
Su anillo de casada no me lo quito. Siempre va conmigo, como ella. Y es que mi madre me enseñó casi todo, menos a vivir sin ella. Será porque en los últimos años de su vida la he visitado más que nunca, le he reñido y le he hecho sufrir, pero también la he colmado de besos y atenciones, que jamás son suficientes con una madre. Por eso la tengo presente a cada paso que doy. Y con ella a mi padre y a mis dos hermanas. Espero superarlo, si duro lo suficiente, pero es que con la edad te das cuenta de muchas cosas que la juventud no te deja apreciar.
Ahora ya, cuando el camino va hacia abajo, te cuesta más asimilar la falta de una madre y la compañía de tu mujer, aunque sea unos días. Por muy natural que sea una cosa y otra. Sin mi madre me cuesta vivir y yo no sé, ni puedo, ni quiero vivir sin mi mujer (aunque me hinche a tertulias). Se acuerdan de aquella canción: «Tú me acostumbraste&hellip Pero nunca me enseñaste a vivir sin ti». Algunas cosas tienen arreglo. Otras tienen que ser apoyadas por la fe, la entereza, el amor, la paciencia y la esperanza. Quiero a todos, a mis vivos y a mis muertos. Y como también necesito expresarme y, en esta casa me tratan muy bien, espero contar con ustedes esta temporada que comienza. Será un 'ladrillo' o una obra de arte, un bodrio o carnaza política o, sencillamente, un desahogo de mi cabeza.
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