Luis tiene 73 años y, al igual que ya hiciera medio siglo atrás, se prepara para escaldar la uva que luego se convertirá en pasa. En esta ocasión no se trata del trabajo habitual que en otra época hiciera por estas fecha, sino de una jornada lúdica en el riurau de Jesús Pobre para recordar cómo era la tradicional «escaldà» que se realizaba cuando el comercio de la pasa era una importante actividad económica en la Marina Alta.
En un loable intento por mantener viva esta tradición, la Associació de Veïns de Jesús Pobre y el colectivo Riuraus Vius celebraron el domingo «La festa de l'escaldà». Al contrario de como se solía hacer, en esta ocasión no madrugaron para evitar las horas de máximo calor. Pasaban de las 10.30 cuando empezó el ritual de encender el fuego.
Llegó entonces el momento de preparar el caldero. Agua, sosa cáustica para cortar la piel de la uva y algunas hierbas destinadas a darle color a la futura pasa son los ingredientes que se utilizaron para elaborar la mezcla en la que más tarde se sumergieron los racimos.
El proceso de escaldado es muy breve. La uva solo permanece unos cinco segundos en el caldero para evitar que se cueza. Se trata simplemente de rasgar la piel para que luego se seque más rápidamente.
Con la pericia que le han dado los años de práctica, Luis y sus compañeros escaldaron 20 capazos de uva. La que pertenecía a la organización luego se colocó en los cañizos para extenderla y colocarla al sol, junto al 'bou'. Sobre esta estructura de palos de madera luego se colocan las velas en caso de lluvia para proteger los cañizos, aunque también se podría resguardar bajo el riurau de Jesús Pobre.
Este año, como novedad, también los vecinos pudieron llevar su propia uva para que la escaldaran y después llevársela a casa para secarla. Lo ideal para obtener una buena pasa, explicaba Luis, es que la uva se seque en el menor tiempo posible. A veces ya está lista en cuatro días y otras requiere semanas.
Todo este ajetreo le trae a Luis a la memoria aquellos días de «l'escaldà», en los que a veces se quedaba por la noche de guardia vigilando que no se mojara la uva. Recuerda con concierta añoranza aquellos tiempos y espera que gracias a actividades como ésta se pueda mantener viva la tradición y que las nuevas generaciones vean y aprendan la forma tradicional de preparar la pasa.
Al acabar, Lluís el Sifoner recordó el origen de «l'escaldà» y de los riuraus valencianos y se centró en el del Senyor de Benissadeví, de Jesús Pobre, construido entre 1848 y 1873 y que se restauró recientemente. La jornada festiva se completó con unas danzas tradicionales. Y una suculenta comida puso el punto final a la fiesta.