Las altas temperaturas que se viven en la localidad durante la época estival hacen que vecinos y turistas se acerquen a las playas para poder disfrutar de un baño refrescante que consiga aliviar el calor sofocante habitual en estas fechas. Esta actividad, tan común para muchos, se hacía muy complicada para las personas que sufren una minusvalía hasta que se instalaron dos puntos de baño accesible en Mil Palmeras y Las Higuericas para que todo el mundo pudiera darse un remojón.
Estos puntos accesibles atienden cada día a un gran número de personas que no pueden entrar al mar por si solas. En cada uno de ellos, tal y como explica el coordinador de salvamento del municipio, Salvador Tejedo, hay dos personas y dos sillas anfibias, la herramienta que permite que los minusválidos entren en el mar. Asimismo en la playa de Mil Palmeras disponen de muletas «que pueden utilizar aquellas personas que tienen movilidad reducida pero no a un porcentaje tan alto como los que van en silla de ruedas».
Este servicio es muy valorado, según señala Tejedo, y así lo corroboran los usuarios. «Si no fuera por los puntos de baño accesible no podríamos acceder al mar», explica Luisa Carrasco, una turista procedente de Salamanca. En relación a este asunto, beneficiarios como ella, consideran muy importante el trato que reciben de los monitores que se encargan de trasladarlos desde la arena hasta el mar «porque nos hacen más fácil esta tarea, que es algo incómoda para las personas que siempre necesitamos ayuda».
Carrasco comenta que las monitoras que la atienden durante los días que reside en la localidad «ya me conocen de otros años y saben qué necesidades tengo». En este sentido el coordinador de salvamento explica que cada año se realiza un inventario de los usuarios que se benefician del baño accesible, el cual se conserva «para conocer las circunstancias de cada una de las personas que lo utilizan y prestarles un servicio mejor», añade.
El gran número de usuarios de estos puntos de baño accesible hace que los beneficiarios se tengan que coordinar para disfrutar del remojón en el mar, «algo que hacen bastante bien porque ya se conocen todos», declara Tejedo. Los monitores están quince minutos en el mar con cada uno de los minusválidos que utilizan las sillas anfibias, pero con otras personas, con una mayor movilidad, solo realizan la tarea del traslado desde la arena hasta el agua y luego en sentido contrario, por lo que, estos usuarios disfrutan en el agua todo el tiempo que quieren.
Los puntos accesibles cuentan también con una caseta donde además de unas taquillas para guardar las pertenencias de los usuarios hay disponibles una ducha y una camilla para que los minusválidos puedan asearse. «Esto es algo muy cómodo, porque hay personas que viven muy lejos de la playa y los turistas no siempre tienen a su disposición duchas adaptadas en sus alojamientos», explica Carrasco. Asimismo este espacio dispone de un botiquín para poder resolver pequeñas urgencias «porque no se trata de un puesto de socorro», indica el coordinador de salvamento.
El punto de baño accesible de Mil Palmeras acoge a la gran mayoría de los usuarios del municipio, sin embargo según Tejedo esta cantidad ha disminuido en un 20% «desde que se abrió el año pasado el de Las Higuericas». Aún así manifiesta que en la playa El Conde «también contamos con sillas anfibias para que los minusválidos puedan disfrutar del baño aunque no haya un punto físico visible».