Bien está lo que bien acaba. Con esa teoría la de ayer, corrida de la 'miniferia' de agosto, fue una buena tarde de toros. No fue sólo el final. La terna protagonizó pasajes de interesante torería. Curro Díaz firmó un toreo de desmayo y profunda enjundia, aunque falto de ligazón, pecado que generó la escasa raza de sus toros. Palazón, que se mostró especialmente firme en su primero, desgranó el toreo de cadencia y buen gusto con el que había deslumbrado en Hogueras. Y Pinar, al que cuestiones administrativas, y también políticas, habían dejado fuera de Hogueras, se mostró en una nueva etapa de madurez torera: toreó con relajo, sin la crispación novilleril de sus primeros tiempos, con una cadencia adecuada a sus oponentes y una contundencia estoqueadora que le acabaron franqueando la puerta grande. Lo suyo fue como un grito reivindicativo a la oficialidad. Por todo eso que les he contado y algunos detalles más entenderán que la estampa triunfal de los dos matadores, Palazón y Pinar, cuadrillas y capitalistas por la puerta grande, estaba justificado.
La tarde tuvo también sus lagunas. La primera, desoladora. Ver los tendidos de sol prácticamente vacíos da un no se qué que no justificas ni recurriendo al calor sofocante de agosto. Con ese ambiente es difícil lanzar artísticamente una tarde toros. En realidad invitaba mucho más a la condecoración de los escasos héroes que habían sacado su localidad y soportaban los rigores del termómetro. Otra laguna fue la casta de la corrida, bajita, bajita, insuficiente para empujar hacia adelante sus abundantes carnes. El ganadero, que a la vez era coempresario, tuvo el mérito, hay que reconocérselo, de mandar un encierro excelentemente presentado, con toda seguridad, el de mejor nota, en ese aspecto, de la temporada. Cinco toros colorados y uno negro de mucha caja y seria arboladura. También generosa nobleza. Llegan a tener el carácter necesario y hubiese sido una gran corrida de toros. Pero ese abismo entre nobleza y casta es uno de los peores males que afectan al toreo moderno. Y no debe ser de fácil solución teniendo en cuenta la de aficionados y ganaderos que persiguen la fórmula magistral sin encontrarla. Con todo y con eso, los de La Ribera de Campocerrado, gloriosa referencia a una de las dehesas más míticas del campo charro, permitieron pasajes espléndidos.
Curro Díaz se fue como vino, con su cartel de torero y artista intacto. Aunque no sé si no avanzar en el toreo moderno es retroceder. Dejó perlas preciosas, muletazos de desmayo y temple exquisito, chispazos de inspiración, remates de pura fantasía, sobre todo en su segundo, pero al conjunto le faltó el hilván que hubiesen transformado esas perlas en una magnífica joya. Su segunda faena, es apreciación personal, tuvo pasajes para mayor premio, pero le faltó, insisto, traspasar las candilejas.
Palazón sí avanzó. A los aires artísticos de las pasadas Hogueras le añadió la firmeza necesaria para crecer en su profesión. Con la autoestima a flor de piel, estuvo por encima de su primero, toro nada fácil, en el que le falló más la técnica que la disposición. En los dos anduvo muy gustoso de capa y la primera parte de su segunda faena fue de altos vuelos. Voló el engaño con ritmo, con despaciosidad, volteó las embestidas detrás de la cadera y se cargó de argumentos de futuro. Poco hábil, consecuencia de su poco torear seguramente, dejó que le entrampillara el toro y la faena dejó los senderos artísticos para adentrarse en el territorio de la pelea. A los dos toros los mató con mucha fe y contundencia. Las dos orejas de su segundo le deben reconfortar en su camino hacia Madrid, tarde vital para su futuro.
De Pinar me queda sobre todo la sorpresa de su templanza, que le ha puesto un grado de calidad a su toreo populista y vibrante de temporadas anteriores. Le ha sentado bien el tiempo. Crece en su técnica y en su sazón. Acertó a acompañar con la cintura y buen juego de muñeca las embestidas de sus dos toros, el mejor lote de la tarde. Su puerta grande es justa correspondencia a su actuación. Y esperemos que pasaporte para la próxima feria de Hogueras. Lo mismo cabría decir de Palazón. Y hasta de Curro.