El Club Baloncesto Lucentum agoniza, pero aún le queda un hálito de vida al que aferrarse. No es la primera vez que el equipo de baloncesto de la provincia entra en la UCI económica, pero esta vez los síntomas son los suficientemente preocupantes como para ir pensando en la extremaunción. La medicina que puede salvar al Lucentum/Meridiano cuesta unos dos millones de euros. No parece mucho dinero teniendo en cuenta los tiempos que corren, pero para la entidad que preside Miguel Cano es una 'millonada'. No deja de ser curioso que temporada tras temporada el Lucentum acabe entre la espada y la pared por su situación económica. Algo se está haciendo mal cuando la historia se repite cada mes de junio con regularidad.
Superado el peligro del descenso, que visto lo visto incluso parecía la solución menos mala porque habría podido ingresar un dinero de la ACB con el que sanear sus cuentas, el club dispone de apenas diez días para encontrar una solución. Es poco tiempo, muy poco, sobre todo cuando durante años no se ha podido encontrar una solución definitiva a la endémica dependencia que el Lucentum tiene de las arcas públicas. Un fiel reflejo de esta dependencia es que el Ayuntamiento de Alicante es el principal accionista de la entidad.
Dicho de otra manera, el Lucentum debería plantearse un cambio de gestión. No es fácil,y mucho menos en los tiempos que corren, encontrar uno o varios mecenas dispuestos a arriesgar una parte de su dinero para que un club deportivo siga adelante sin penurias económicas.
Un modelo a seguir podría ser el Valencia Basket, que año tras año acaba entre los mejores clubes de España de manera más o menos holgada, tanto en lo deportivo como en lo económico. Es cierto que el Valencia Basket tiene detrás a un empresario como Juan Roig, que aporta el 60% del presupuesto de la entidad -unos diez millones de euros-, pero también es verdad que las necesidades económicas del Lucentum son bastante más modestas.
El Valencia Basket también cuenta con el apoyo de varios patrocinadores, como la firma que da nombre al equipo, y otros colaboradores que, junto con los ingresos conseguidos con la venta de abonos y otras ayudas públicas, le permiten cubrir las necesidades.
Los responsables del Lucentum deberían poner sus ojos en clubes como el valenciano no para criticarlos por lo que consiguen o dejan de conseguir, tanto de empresas privadas como de instituciones pública, sino para seguir sus pasos y aplicarse el cuento.
Para empezar, el Lucentum tiene lo más importante: una masa social fiel, joven y responsable. Cientos de aficionados, que año tras año adquieren sus abonos y acuden a desgañitarse al gélido Centro de Tecnificación, han respondido a las llamadas realizadas por las redes sociales y por medios de comunicación como este para que la situación del club se conozca.
Ahora es el momento de que entren en acción la clase política y la económica. La primera, para conseguir que las cantidades que entidades públicas como Canal 9 adeudan al club salden cuentas. La segunda, para demostrar una amplitud de miras de la que ha carecido históricamente con el Lucentum: la posibilidad de respaldar a un equipo que compite en el segundo deporte más importante del país y en la segunda liga más importante del mundo, con el rédito publicitario que conlleva.
El Ayuntamiento de Alicante está realizando gestiones para traspasar sus acciones a un grupo de empresarios interesados en tomar las riendas de la entidad. Al frente de este grupo aparecen Juan Antonio Iniesta y Luis Castillo, ex presidente del Alicante C.F. y ex presidente del propio Lucentum, respectivamente. Los antecedentes de ambos como dirigentes deportivos no son muy halagüeños, pero habrá que esperar a que el supuesto grupo que les respalda permitan crear mejores expectativas.
Lejos parecen que dar los tiempos en los que vistieron la camiseta alicantina jugadores de la talla de José Manuel Calderón, Pablo Prigioni, Velimir Perasovic, Oriol Junyent, Ferrán López, Lou Roe, Chuck Kornegay..., pero en realidad, como quien dice, ocurrió ayer.