La Plaza de la Constitución volvió a ser anoche escenario de una de las más antiguas tradiciones que giran alrededor de la Semana Santa crevillentina: la imponente Entrada de Pasos a la Parroquia Nuestra Señora de Belén. La Plaza, volvía a ser el punto de encuentro entre los crevillentinos ausentes y residentes, entre el ayer y el hoy de la más preciada de las tradiciones de la localidad.
«Vivir Semana Santa, es vivir Crevillent». Así se podría definir la emoción que se siente cuando se visitan las casas en las que se lleva a cabo el Arreglo de Pasos. Vestir las imágenes, poner la corona a Jesús, a la Virgen a los Apóstoles o la Verónica, preparar el estandarte, colocar las faldillas, son funciones que han ido pasando de padres a hijos, de generación en generación.
Cada uno, sabe cuál es su cometido y, de este modo, en franca harmonía y dentro de un ambiente de hermandad cofrade, van pasando las horas hasta llegar el momento de subir a la Parroquia Nuestra Señora de Belén.
De hecho, el Dimecres Sant es el día de la Semana Santa en el que confluyen la mayor parte de las tradiciones crevillentinas.
A las siete y media de la tarde estaba previsto el inicio de la Entrada de Pasos a la Parroquia de Nuestra Señora de Belén y apenas habían pasado cinco minutos cuando las campanas anunciaban el inicio de tan esperado acontecimiento para los fieles.
Y es que, la Entrada de Pasos es un punto de encuentro entre los crevillentinos ausentes y residentes entre el ayer y hoy de la mas preciada de las tradiciones de la localidad. Son momentos para saludar, para recordar y para visitar los dieciocho pasos que serán procesionados por las calles del municipio.
A las diez y cuarto de la noche empezaba la Procesión de la Pasión de Cristo. Dieciséis grupos escultóricos forman parte de un cortejo procesional en el que el espectador, presencia de modo cronológico y sin moverse de su silla, la Pasión de Cristo, desde el pasaje de la Mujer Samaritana, hasta la Mare de Deu dels Dolors que cierra la procesión.
Desfilar no resulta sencillo. Callejones que dificultan el procesionar de los pasos, calles empinadas y estrechas con bajadas prolongadas ponen a prueba hasta a los costaleros más experimentados que llevan sobre sus hombres las diferentes secuencias de la Pasión.
Al cierre de la edición, todavía no había terminado la procesión. Su final marca el comienzo del Traslado del Cristo de la Victoria y de las Tres Marías a la Parroquia de la Santísima Trinidad. Centenares de fieles con velas acompañan, en el silencio de la noche, a los grupos escultóricos salidos de las gubias de Flotats y Mariano Benlliure.
Congrega a cientos de devotos que por fe o cumplimiento de promesas esperan hasta altas horas de la madrugada para de forma recogida y silenciosa cumplir su cita anual con los sentimientos de su devoción. En el silencio de la noche, suenan con fuerza las notas del 'Chrustus Factus Est', del crevillentino José Ruñiz Gasch, e interpretado por el Coro de Voces Graves de Crevillent.