Bautizado como uno de los 'padres' de la ley antitabaco, Ildefonso Hernández fue destituido de la dirección general de Salud Pública tras acceder Leire Pajín a Sanidad.
-De vuelta a la Universidad Miguel Hernández.
-Pues sí.
-¿Contento?
-Sí, para mí es uno de los trabajos más apasionantes que hay, la docencia es una de las tareas que más disfruto. La investigación también es un trabajo bonito, aunque no tanto como el del periodista.
-Si yo le contara...
-Bueno, es cierto que van muy apretados de tiempo. Nosotros tenemos más sosiego.
-Ha trabajado con varios ministros de Sanidad, ¿cómo definiría a Bernat Soria?
-Es una persona que tenía las ideas muy claras sobre cuáles eran los futuros que debían llevarse en la administración de la sanidad y puso muy buenos raíles de por dónde se debía ir.
-¿Y Trinidad Jiménez?
-Una política inmensa y con una capacidad de asumir retos y llevarlos adelante. También tenía la capacidad de convencer a todo el mundo, incluido al presidente del Gobierno, por ejemplo a la hora de sacar la ley antitabaco o en su liderazgo en la gestión de la pandemia de la gripe A. En ese momento España jugó un papel de influencia internacional. Cuando la gente habla sobre las vacunas...
-Es que sobraron muchas.
-Pues en las vacunas, Francia, Alemania y Reino Unido proponían una compra para el 100% de la población, mientras que en el Comité de Seguridad Sanitario de la Unión Europea nosotros influimos para que fuera sólo a las poblaciones vulnerables.
-¿No se exageró mucho? A toro pasado se comenta cómo se han forrado los laboratorios.
-Sí, bueno, pero también le pasa a uno 'a posteriori' cuando ha comprado un seguro para su casa. Lo paga, han pasado 20 años y piensa, ¿para qué? En ciertas cosas que tienen que ver con la seguridad y cuando hay incertidumbre, un Gobierno que se arriesga a no hacer nada y después surge un problema, no es que ese Ejecutivo luego se hunda, sino que deja tierra quemada en la confianza de la población en sus autoridades.
-¿Y de la última ministra, la alicantina Leire Pajín?
-No la he conocido.
-¿Se esperaba que le destituyera?
-No, no me lo esperaba. Cuando me lo dijeron pensé, bueno...
-¿Qué hago ahora con tantos papeles en la mesa?
-Sí, porque tenía una agenda muy difícil este marzo y abril. Una agenda de mucho viaje. En un primer momento te quedas sorprendido, pero enseguida me dije: «'ufff', qué alivio». La vida en Madrid tiene un punto de dureza que sólo para gente apasionada vale la pena. Hablo de gente que no estamos habituados al terreno político. Se ve poco a la familia, se viaja mucho y se está pegado constantemente al ordenador y al teléfono porque en cualquier momento puede surgir una alerta. Es una dirección dura.
-Pajín le ha hecho un favor.
-Ahora viéndolo así se empieza a apreciar de nuevo la posibilidad de leer libros y de poder reflexionar con tiempo.
-Dígame, ¿ha fumado alguna vez?
-Sí, yo fui exfumador.
-¿Estuvo mucho tiempo enganchado?
-Lo dejé muy joven y como no tenía adicción fue fácil.
-¿En su casa tiene adictos?
-No.
-¿Pero amigos tendrá que fumen?
-Sí, pero pocos.
-Vaya, no le encuentro a nadie.
-Es que ya soy mayor y en la gente de mi edad, cada vez es más normal que vayas con grupos que casi no fuman.
-¿Se puede saber su edad?
-Tengo cincuenta y cuatro años.
-Muy, muy mayor...
-Bueno, tengo una cierta edad. A ver, claro que tengo amigos que fuman, dos o tres máximo. Algunos cuando sacamos la ley me dijeron de todo.
-Es que a usted le han etiquetado como uno de los 'padres' de la ley antitabaco.
-Sí, padres somos todos, y con esto no quiero eludir ninguna responsabilidad porque estoy encantado de serlo.
-¿Qué le decían sus amigos?
-Bueno, yo les convencí. En algunos matices de la ley no pude, pero en el fundamento principal, -que es proteger la salud de los trabajadores y a los menores- convencí a los más adictos, y alguno de ellos era muy crítico. Ahora están en tratamiento para dejarlo.
-¿Se siente satisfecho?
-Sí, porque era una aspiración de una gran mayoría social.
-Pues los hosteleros están que trinan por las pérdidas.
-Todas las cifras que se tienen ahora indican que no hay efecto.
-¿No hay pérdidas?
-En febrero ha subido el número de afiliaciones a la Seguridad Social. Por lo tanto, no es la catástrofe que se dice. Mire, aquí hay que decir varias cosas. La federación de hostelería trabaja conjuntamente y tiene financiación con las industrias del tabaco. Yo entiendo que esos lazos no son positivos. Tienen que aprovechar la ley para lograr con imaginación una hostelería muy buena. La ilusión que tenemos los que hicimos la ley antitabaco es que la hostelería gane porque nosotros estamos con ellos.
-¿Por ejemplo?
-Esos conceptos de las tapas son iniciativas en las que se tiene que poner toda la carne en el asador. En muchos bares se está llevando a cabo una cocina saludable, de forma que se juntan endocrinos, se habla de nutrición y los clientes aprenden. Hay que ver las oportunidades de negocio que abre la ley antitabaco porque la mayor parte de la facturación turística viene de países donde a la gente no le importa salir a fumar. Por eso digo que la hostelería no es bueno que esté cerca de la industria del tabaco.
-Vale, ¿pero para qué la anterior ley que supuso hacer una inversión en reformaras? La Conselleria de Sanidad dijo que tendrían que compensar a los hosteleros.
-A mí personalmente no me hubiese importado, lo que pasa es que desde los servicios jurídicos decían que había unos problemas de retroactividad que eran difíciles de manejar legalmente. La ministra no estaba en contra, pero tenemos que ser claros, el porcentaje de bares que había hecho cambios de acuerdo a lo establecido en la ley era mínimo.
-¿Y en la Comunitat?
-Obras, tal y como tocaba, prácticamente era muy raro. Además, ya está amortizado porque si se hace una inversión para conseguir una clientela, en teoría se ha saldado.
-Que si la toxicidad en Japón, el resurgimiento de enfermedades tropicales... ¿Cómo nos está afectando el cambio climático?
-Éste uno de los retos mayores y no sólo por las enfermedades que pueden volver, el mayor problema es el calentamiento que puede tener efectos en la salud por limitaciones de agua, de alimentos, de contaminación, etcétera. Eso puede afectar gravemente a la salud de la población mundial. Si nosotros hacemos una movilidad sostenible es saludable. Si cambiamos las emisiones y hacemos políticas urbanísticas adecuadas conseguimos mejorar en la salud.
-Cuánto nos queda por hacer.
-Queda sacar al debate público un tema fundamental: el funcionamiento de las sociedades no se puede medir sólo por el PIB. Si sólo nos fijamos en este indicador nos pasará como en EEUU. que tienen un PIB muy alto, pero una salud mucho peor que la nuestra. ¿Por qué tenemos que mirar todos los días cómo va la bolsa, y no cómo vamos de bienestar, felicidad, de relaciones sociales..?
-Con la ley ya lo ha conseguido. Hay más gente que se relaciona porque sale a fumar fuera.
-Efectivamente, es uno de los beneficios. Salen de sus círculos cerrados y conocen a más gente. Las relaciones sociales son siempre buenas para la salud.