Sospechoso ejercicio de mesura, de aceleración contenida sin hacer uso de la quinta marcha, de marcaje al coche de delante descartando, extrañamente, cualquier tipo de maniobra brusca. El Meridiano desaprovechó ayer 36 minutos para hurgar en las dudas de su adversario, le permitió explotar sus mejores armas y cuando quiso reaccionar, los árbitros entendieron que ya no era el momento. Decimoquinta derrota y un buen cúmulo de claroscuros que, por desgracia, no se podrán resolver dentro de la pista...
Vidorreta rescató al proyecto de la ruina táctica en el que andaba sumido y le devolvió la identidad competitiva. Pero ayer no se vio eso, lo que imperó fue la apatía. El baloncesto se interpreta mejor con la cabeza fría, sin embargo, la plantilla tienen motivos para calentársela más de la cuenta, coyuntura que pasa factura... nunca mejor dicho. Existen múltiples caminos, pero sólo uno te lleva sano y salvo a casa...
Heurtel no estaba por la labor de forzar, así que Llompart asumió pronto que la mañana le obligaba a un desgaste monumental. El galo pisaba con miedo, con recelo, y su rostro tenía más pinta de exigir una bolsa de hielo que minutos en pista. La labor de desgaste de Casimiro sobre la salida del balón lucentina entrecortó el ritmo del Meridiano, que únicamente se encontraba cómodo probando fortuna lejos del aro. Muchos triples con el defensor encima, poca superioridad en el poste bajo y Caner-Medley a su libre albedrío en la 'pintura': 17-21, o lo que es lo mismo, contrincante por encima de los 80 puntos al final del choque. Mal presagio.
Las variables tácticas de Vidorreta para aliviar el esfuerzo de Llompart daban oxígeno al base pero provocaban un efecto secundario: exceso de riesgos desde el perímetro. Casimiro acumuló centímetros por fuera y levantó una barrera que sólo Rancik acertó a derribar en el tramo final del segundo cuarto. 10 tantos del eslovaco evitaron el repunte irreversible del Asefa Estudiantes, que se benefició de la mejor versión de Josh Asselin, la omnipresencia cualitativa de Jasen y la exhibición del baluarte principal: Nick Caner-Medley.
La charla en el vestuario se centró en la exigencia de mejorar la defensa, muy irregular durante la primera mitad. Cazorla lideró el cambio radical, pero le faltó ayuda. Carrusel de fallos debajo del aro, errores de concentración y Estudiantes once arriba, 41-52. Curiosamente, aplicando los mismos recursos desde el salto inicial, sin sorpresas en la puesta en escena. Txus le dio a Heurtel la oportunidad de replantearse sus miedos, pero el francés confirmó sobre el parqué que la hipotética remontada no le tendría a él como actor. Todo a una carta: Pedro Llompart.
¿Resignación?
Doellman rivalizaba con Medley en plasticidad ajeno al resultado final del choque y, además, no dejaba de malgastar bolas. La otra batalla, la que libraban los demás, seguía dando la razón a los herederos del Ramiro. Devenir natural: Casimiro relajado y ausencia total de sobresaltos. ¿Resignación? No. Cazorla robó un balón y Llompart lo transformó en tres puntos que valieron para aglutinar con un solo gesto toda la fe del grupo y convertirla en ganas reales de ganar. Tres minutos magistrales de defensa y ataque del Meridiano provocaron que el señor Palomo viera peligrar un triunfo que llevaba rato saboreando. La maldición de los ex se le enroscó en la garganta tras el 65-66 con 95 segundos todavía por delante. Viaje fundamental. Bola caliente y nervios a flor de piel. El ataque colegial se encontró con el cansancio de Llompart y el espacio libre que ocupaba Jasen en el perímetro.
Allí estaba él, sólo, abierto, con los dos pies en el suelo y la distancia al aro perfecta. Armó la muñeca y no le tembló el pulso: 65-69. Cazorla frenó las ganas de bajar los brazos con un tiro rápido, uno con alma de triple que los colegiados rebajaron a dos puntos. La octava era posible. Buena defensa, balón dividido, empujón de Jasen a Stojic y... vista gorda arbitral. De nada valió la pataleta, resopló con alivio Casimiro y se desvaneció la posibilidad real de otra prórroga redentora. Malos augurios y una pregunta imperativa: ¿Estaba justificada la notable falta de agresividad del Meridiano?