Hace más de un año que un fatídico terremoto sacudió Haití, dejando una cifra incalculable de víctimas, una situación extrema de pobreza asolada por la presencia del cólera y las réplicas. Pocos días después de aquel 12 de enero de 2010, Pablo, un joven alicantino coordinador del Área de Cooperación Internacional de Cruz Roja, voló hacia este país caribeño para colaborar durante meses en las acciones de ayuda humanitaria.
-¿Qué le llevó a involucrarse en esta organización y formarse para ayudar a la sociedad?
- Principalmente, las inquietudes personales. A partir de ahí, busqué qué Organización se ajustaba más a mis valores personales y me ofrecía acciones que me gustaran.
-¿Cuánto tiempo lleva de voluntario en Cruz Roja?
- Desde el año 2007, combinando actividades locales con el departamento de cooperación internacional y el departamento de drogodependencia y VIH. Además, como voluntario he gestionado un proyecto de Arteterapia con drogodependientes en Centros Penitenciarios. A nivel local, llevo a cabo acciones de sensibilización y educación para el desarrollo y desde el 2008 realizo actividades dentro de la Acción Humanitaria, con misiones en terreno desde mi inclusión en las Unidades de Respuesta en Emergencias de Cruz Roja Española
-Usted ha visitado en dos ocasiones Haití.
- La primera vez que fui a Haití fue en octubre de 2008 durante la emergencia producida por el paso de varios ciclones, especialmente el ciclón Hanna. Ya, en 2010 estuve 7 meses y trabajé en la capital del país, Puerto Príncipe, como consecuencia del último terremoto sufrido. La situación de ambas ocasiones no es comparable, debido a las diferentes razones que han provocado la misma, aunque si que es verdad que a pesar de la mayor gravedad producida en esta última ocasión, en ambas destacaría la entereza del pueblo haitiano por salir adelante y sobrevivir.
- ¿Cuál fue su trabajo cuando aterrizó en Haití?
-¿Qué fue lo que más le impacto de esa experiencia?
-La capacidad de superación y de adaptación del ser humano, así como las ganas de continuar sonriendo de las personas pese a la situación general.