Catral celebra durante este fin de semana una de sus fiestas grandes y de las más antiguas de la provincia de Alicante, ya que data del siglo XVII. Así lo demostraron la cantidad de vecinos que no quisieron perderse ningún detalle de cada uno de los actos programados en la conmemoración de Santa Águeda. El tiempo los quiso acompañar, una mañana completamente soleada sirvió para que todo el mundo se echase a la calle y siguiera a una de sus imágenes más queridas.
La jornada comenzó con la celebración de la misa en la iglesia parroquial oficiada por Francisco Román, a la que asistió la Corporación Municipal e invitados institucionales de la provincia de Alicante. A su finalización tuvo lugar la tradicional romería que devolvió a la imagen a su ermita acompañada de cientos de catralenses que le profesan una gran devoción.
Tras la celebración de los actos del día, los vecinos se esparcieron por el tradicional mercadillo que se monta de forma anual por estas fechas y que cuenta con un kilómetro y medio de recorrido. Los catralenses visitaron cada uno de los puestos en compañía de sus familiares para hacer alguna que otra compra. Los tenderetes ofrecían una gran cantidad de artículos para todos los gustos, entre los que se distinguía ropa, complementos, juguetes, utensilios de cocina, y aquello que no podía faltar: las tradicionales bolas de Santa Águeda y los turrones de cacahuete y de novia que los chicos compran a las sus prometidas en estas fiestas.
El mercadillo entre otras cosas es un lugar de reencuentro donde los vecinos se cruzan con algún que otro amigo y forman corros en el ir y venir de gentes para hablar de lo que les ha pasado durante el tiempo que no se han visto, y de paso hacer un repaso de la actualidad del pueblo y del país.
Durante estos días también es imprescindible una actividad para los vecinos del municipio, pasar por la ermita de Santa Águeda para saludarla, ya que está abierta a lo largo del fin de semana. Allí se agolpan en un gran cola los catralenses para estar cerca de la imagen durante unos instantes y poder tocarla. Muchos de ellos llevan flores y las colocan cerca de ésta. Otros se quedan rezando alguna oración y se llevan medallas o estampas para que la santa les acompañe en todo momento. En el templo, los vecinos también dejan sus promesas de cera entre las que se encuentran sobre todo pechos porque según cuenta la historia, Santa Águeda era una bella joven siciliana de la que se enamoró el senador Quintianus, pero ésta lo rechazó porque ya se había casado con Jesucristo. El romano, enfurecido, mandó que le cortaran los senos, pero la mártir tuvo una visión de San Pedro, quien le curó la herida. Sin embargo, continuó siendo torturada hasta morir en carbones ardiendo. Por esta razón los devotos la invocan por el «mal de pecho» y colocan a su lado promesas con esta forma.