Cada muerte violenta y machista es suficiente motivo para llevar luto en los corazones de todos los bien nacidos durante toda la vida. Otra cosa es el luto oficial, como el que ha decretado el Ayuntamiento de Carral, cuya corporación ha reaccionado con rapidez y coherencia condenando un hecho funesto y repugnante. Cientos de vecinos de la localidad se concentraron para poner el grito en el cielo contra lo ocurrido. Tres días de luto oficial. La vida segada de Estefanía se merece eso y mucho más. Pero de ahí a la euforia verbal del alcalde catraleño, Aurelio Albero, existe un trecho. Se equivoca el regidor no por los tres días de luto por la muerte sino por responsabilizar al pueblo de no evitarla. Acierta cuando califica el asesinato de Estefanía como un acto más reprobable que cualquier atentado contra la vida porque se utiliza la fuerza de un hombre contra una mujer.
Sin embargo, cae en el error de esta frase: «Sentimos que hemos fracasado como pueblo y como ciudadanos al no haber podido defender la vida de esta joven». De fracaso, nada de nada. Allí estaba el pueblo para condenar la violencia machista. No se le puede culpar de lo que no es su responsabilidad.
La intención del alcalde es plausible. Y el dolor ha dado lugar a la desmesura. Será muy difícil determinar todas las responsabilidades de esta muerte, como la de otras víctimas de la violencia machista, contra la que existen castigos, pero a la que hay que combatir con más medios preventivamente, medios entre los que la orden de alejamiento es de los menos eficaces, por no decir absolutamente inútil.
Leo en un diccionario que Estefanía es nombre que etimológicamente procede del griego Stephanie y que significa «coronada de gloria por la victoria». Supongo que la joven de 23 años asesinada sabía el significado de su nombre y soñaba con coronarse de gloria con la victoria del día a día en un entorno que se le había vuelto bastante hostil sobre todo desde que tuvo que denunciar la violencia de su pareja hace unos meses.
Proclamar que la violencia se ha instalado entre nosotros es un tópico, algo contra lo que no se lucha suficientemente ni en la escuela ni en el hogar. Con cierta frecuencia, educadores, fiscales y jueces denuncian la violencia de los adolescentes entre ellos, algo que llaman 'bullyng' y protagonizan cada vez más chicas, tan 'machos' como ellos.