Extirpar el tumor no significa la curación total. El enfermo necesita un proceso postoperatorio de rehabilitación antes de poder hablar de sanación absoluta. El Meridiano ha entrado en ese periodo fundamental que le debe aferrar a la vida. Sin embargo, el riesgo de recaídas en este tipo de patologías es bastante alto. Al Lucentum se le vio mejor cara, pero volvió a incurrir en los mismos errores fulminantes de siempre. Octava derrota, cuarta consecutiva, e igual de colista que la semana pasada.
Txus Vidorreta no ha tenido mucho tiempo para inculcar su filosofía, aunque algo se va notando. Los tiempos muertos empiezan a servir para algo y la pizarra ha dejado de ser simple 'atrezzo' de banquillo. Ayer no le salieron muchas cosas, pero al menos las intentó todas.
El preparador vasco ha heredado un proyecto descompensado en el que el juego interior necesita mejorar sobremanera para poder incrementar el crédito competitivo del equipo. Falta actitud -individual y colectiva- en el rebote y sobran errores no forzados. Precisamente la acumulación de pérdidas en el primer cuarto resultó determinante en el desenlace.
Pepu Hernández manejó bien los tiempos y los miedos adquiridos de su contrincante. Con un baloncesto dinámico, con mucha presencia en la 'pintura', forzó al Meridiano a buscar el aro desde más allá del 6,75. Eso generó errores, muchos de ellos de pase, y permitió a la 'Penya' adquirir gradualmente una renta que se elevó a los nueve puntos al final del segundo cuarto: 30-39.
La sensación era de impotencia, de que por muchas ganas de pasar página que hubiera en la plantilla, faltaban los argumentos necesarios. Todos los movimientos de Trías y McDonald obtenían rédito. Con su actitud combativa en el área técnica, Pepu conseguía tener a su gente en tensión constante. De los 17 rebotes ofensivos que capturó el DKV, seis cayeron en manos de sus bases o aleros, y de los 26 defensivos, 17 fueron responsabilidad de los hombres de perímetro.
Esas segunda opciones bien trabajadas permitieron al ideario verdinegro vivir de rentas a pesar de su bache de acierto en el tiro tras la reanudación. El Lucentum dejaba sin premio su buen trabajo atrás. A pesar de ello, la fe en la victoria permitió al bloque lucentino dar la cara hasta el bocinazo final: 52-59.
Momento Heurtel
Los últimos 10 minutos detallan a la perfección la inercia inestable que resume la esencia del Meridiano 2.0, un proyecto supuestamente mejorado sobre el papel, pero que está pidiendo a gritos una actualización. Thomas Heurtel asumió la responsabilidad de hacer jugar a sus compañeros. El base galo quedó sepultado por su propia vanidad y acabó protagonizando un episodio grotesco.
Después de fallar un triple catártico (antes había metido dos no menos delicados), el devenir bacheado de la contienda le llevó a la línea de tiros libres. El marcador reflejaba un 70-72 casi definitivo a falta de nueve segundos por disputar. Vidorreta paró el partido. La consigna era bastante clara: «Escúchame Thomas, el primero dentro, pero el segundo fuera pase lo que pase, ¿ok?». Asintió el galo, que se plantó en el 4,70 con un único objetivo. El plan parecía sencillo.
Se trataba de buscar una acción de tres o cuatro puntos para albergar opciones de triunfo. Un bote, dos, tres y... al hierro. Mala cosa. Sus compañeros le arroparon y, de paso, le recordaron las órdenes de Vidorreta. Los pivots se apostaron en los flancos de la bombilla dispuestos a recoger un rechace que debía ir largo. Un bote, dos, tres y... a dentro. La cara de incredulidad del preparador vasco alcanzó el rango de mueca.
Después de ese exceso inefable no hubo tiempo para más y el joven Franch, uno de los muchos talentos en ciernes que está puliendo Pepu con plena garantía, echó el cierre con tres tiros libres certeros. El enfermo mejora, pero no tanto como para recibir el alta médica.