No era el mejor día, pero probablemente sí el más indicado. El Meridiano levantó la cabeza delante de su gente, y lo hizo con un ejercicio ejemplar de orgullo, amor propio y mucho trabajo, tanto en defensa como en ataque. Se demostró a sí mismo que puede, que cuando rige la cabeza todo fluye. Probablemente se cruzó con un Madrid tocado tras su partido de Euroliga, pero esta vez, a diferencia de otras, con lo mínimo no le bastó al adversario para marcharse del CT con la victoria.
En el peor partido de Erdogan llegó el primer triunfo en Liga. Curiosa paradoja. En las cuatro citas previas, el turco se salió y el cuento se cerró con derrota. Anoche sólo restó él. Quintana se dio cuenta y le redujo los minutos en pista. Esas apreciaciones técnicas también cuentan y ayer todo salió bien.
Después de una semana de trabajo conjunto, con toda la plantilla, el Meridiano se dejó el miedo en la taquilla y saltó al parqué tremendamente enchufado. Sólo la personalidad de Tomic y Suárez impidió el deterioro blanco. Los cinco titulares, Heurtel, Serkan, Stojic, Doellman y Sow anotaron en los primeros 10 minutos. El 20-17 con el que se cerró el primer acto advertía de la seriedad del planteamiento alicantino.
Pero la experiencia pesa y eso obligaba a ser cauto. Quintana prolongó la primera rotación todo lo que pudo, y cuando empezó a dar salida a los hombres de banco para no perder intensidad defensiva, el partido sufrió un leve vuelco. La segunda de Tomic alivió la transición y las fuerzas se equilibraron de nuevo. El Meridiano se apoderó de la pintura y, como exigía el guión, dio la talla en el rebote. Gracias a eso pudo correr y gracias a eso Heurtel falló tiros sin que sus errores se convirtieran en una carga insoportable. Todo funcionaba a la perfección. 6 de 8 en triples antes del descanso y tibia ventaja: 42-37.
A pesar de la renta, la distancia se antojaba insuficiente. El mejor Lucentum no era capaz de dejar atrás a un Madrid sin la energía necesaria para aguantar un cara a cara con nivel ACB. Eso preocupaba. Quintana redujo el tiempo de descanso. Se trataba de mantener la tensión, de robarle tiempo a la dicha y aguantar la presión sin darle espacio a las dudas. Mientras tanto, Messina, indignado, no dejaba de pedirle explicaciones a Sergio Rodríguez, que se aburrió de escuchar sus cuitas. Lo mismo que Garbajosa, que saltó a la pista en el último cuarto después de que el italiano le dejara con la miel en los labios dos veces. Rarezas de sabio.
El tercer acto avivó todos los miedos. 0 de 7 en triples, Mario fuera de combate sobrecargado de faltas y Martynas amenazando con volver a ser el que fue... pero todavía a mitad de camino. El Madrid aprovechó la coyuntura para dar forma a una tímida reacción. Pírrico parcial de 13-15 y todo por decidir: 54-52.
Esta vez no hubo atasco en el instante decisivo. Heurtel lideró el ataque y Sow el blindaje de la zona. Capturó rebotes ofensivos, favoreció la circulación y parcheó con solvencia el instinto eléctrico del base galo. El director de juego francés anotó 8 puntos en el periodo y cerró la contienda con un triple no apto para cardiacos, demostrando que lo suyo es caminar sobre el alambre, para mal o para bien.
El encuentro llegó a ese punto en el que hasta ayer se solía repetir el guión. Ocho arriba y cuatro minutos por disputar: 65-57. Tocaba desplome, carrusel de fallos, caras de incredulidad y despedida entre pitos. Pero no. El pívot senegalés apareció en todos los espacios y Doellman no se arrugó. En cada viaje, canasta o falta. Messina movía sus piezas sin descanso para revitalizar la contundencia en pista sin obtener réditos con su maniobra.
Su Madrid fallaba con descaro desde el perímetro, y por dentro, la actividad defensiva del Meridiano terminó desquiciando a D'Or y Reyes, fuera de contexto desde el minuto uno. La victoria parecía clara, catorce arriba, y terminó cayendo por el propio peso de la disciplina, del esfuerzo solidario y la convicción en las posibilidades colectivas.
El Lucentum respira, no sale del pozo, pero mira de otro modo la cancela de salida. El pasado ya está escrito y no se puede cambiar. Toca mirar al frente, dar la bienvenida al proyecto a varios nombres y confiar en que lo visto tenga continuidad, porque éste es el camino correcto.