El despropósito no cesa y el peso empieza a ser insoportable. El Meridiano es víctima de una ansiedad que se acrecienta con cada derrota. Ya van cuatro consecutivas y no se atisba solución alguna. La grada del CT está harta de ver a su equipo servir en bandeja los triunfos, por eso ayer despidió a la plantilla con gritos de «fuera, fuera» y por eso exigió al unísono la dimisión de Quintana.
Los defectos son los mismos del primer día. Existe un miedo al fracaso que se traduce en errores sistemáticos en los instantes clave del partido. Hasta cuatro balones regaló el equipo alicantino al Menorca cuando tocaba decidir la contienda. El conjunto de Paco Olmos protagonizó un parcial de 2-12 en los últimos tres minutos y le dio la vuelta al duelo sobre la bocina con una canasta debajo del aro de Ciorciari. Antes, en la posesión más importante, Serkan Erdogan se tropezó con Andriuskevicius sin poder tirar a canasta, y en los cinco segundos que restaban, los baleares montaron un contragolpe que les otorgó la segunda victoria de la temporada. Ver para creer.
El Meridiano es un conjunto gris, endeble, previsible, en el que sólo la calidad de Erdogan y los arrestos de Sow sostienen a un conjunto sin argumentos ofensivos. Todos se esconden, y cuando no lo hacen, fallan situaciones increíbles, bandejas de '1x0', triples sin oposición con los dos pies bien plantados en el suelo. Ayer se mejoró la circulación del balón, pero valió de poco porque el miedo al error encoge los brazos de un modo lamentable.
El tercer proyecto de Quintana en la ciudad pena por la competición y el comienzo no puede ser peor. De los cuatro tropiezos, dos han sido en casa frente a rivales directos. Y el último, el de ayer, ante una franquicia sin recursos en la que siete jugadores cargan con todo el peso. Ganó el menos malo, el que más fe demostró, el más seguro de sí mismo. Olmos encontró antídotos para paliar el daño que le estaban haciendo los pivots del Meridiano y, cuando no lo hizo, Quintana le echó una mano sentándolos en el banco.
La zona que planteó Menorca dio buenos resultados porque por fuera los alicantinos son tan peligrosos como un niño subido en su triciclo intentando asaltar el Pentágono. Y como cerrar el rebote se ha convertido en una utopía, cada error, que son muchos, se torna en contragolpes que tienen la mala costumbre de acabar en canastas.
El ritmo anotador no supera los 14 puntos por cuarto. La barrera de los 60 tantos resulta infranqueable y es muy difícil sobrevivir en la segunda mejor liga del planeta con unos guarismos tan bajos. Ayer sólo se ganó el primer acto, el resto se los llevó Menorca.
Flaqueza mental
Falta equilibrio. El desgaste que se realiza en defensa no encuentra réditos en ataque. El Meridiano cierra bien atrás, pero luego lo desperdicia. Eso pasa factura, abunda en el desánimo colectivo y potencia la inseguridad. Es una cuestión de confianza. Thomas Heurtel es el perfecto paradigma de una situación que amenaza la estabilidad de la franquicia. Tenía tantas ganas de agradar, que se olvidó de hacer jugar a sus compañeros -función principal de un base- y empezó a buscar el aro sin más criterio que la propia vanidad.
Ni tan siquiera la milagrosa recuperación de Stojic, que fue el más utilizado a pesar de su presunto esguince de grado II, sirvió para dar estabilidad a un grupo al que las dudas le están devorando. El mérito del Menorca radicó en no dejarse ir, en aguantar la presión con entereza, en saber que su adversario, antes o después, le daría la oportunidad de lograr la victoria.
Con menos de cinco minutos por disputar, el Meridiano mantenía una cómoda renta (57-49) que cualquier otro hubiera sabido administrar jugando en su cancha. Pero no. De ahí hasta la conclusión del encuentro, los alicantinos sólo fueron capaces de anotar dos puntos. Menorca hizo doce. Probablemente, parte de culpa la tuviera la presencia de Erdogan y de Pape Sow en el banquillo al mismo tiempo.
Hay que dar descanso, sí, pero cuando está tan claro que sólo dispones de dos vías de anotación a tenor de los visto en la media hora previa, tomar ese tipo de decisión es, cuando menos, una frivolidad. Hace falta muy poco para batir al Meridiano. Y Menorca, con 25 pérdidas y una valoración total de 62 es la señal irrefutable de esa triste evidencia.