Una revisión pictórica e ilustrativa de los cuentos más clásicos, donde se reflejan los arquetipos, estatus social, libros de comportamiento, pero con los roles alterados, y en realidad, utilizar el arte como terapia personal, para descubrirse. Todo esto lo plantea la artista alicantina Laura Boj con su exposición 'Cuéntame otro cuento' en la cafetería 'Fresas y Chocolate' de la capital. «Descubrí, al analizar en 2006 los cuentos, que les podía alterar el rol para hablar de una mujer nueva, actual, completa, que acepta su parte masculina, pero no lo utilizo para decir que está mal, sino para recordar que somos duales», argumenta esta licenciada en Bellas Artes en Altea, que lleva 15 años pintando -«o siempre», precisa- y expone también en el hostal La Sal una visión actualizada de una trilogía sobre lienzo a bolígrafo con personajes mitológicos femeninos como Eva, Lilith y la Magdalena. Según Boj, se trata de «las tres primeras mujeres que tuvieron que cargar con el rol femenino, y fueron llamadas libertinas o prostitutas».
En todos los cuentos «se habla más del bien y el mal que de hombre mujer. No niego la feminidad, pero le incorporo jeroglíficos, enigmas, acertijos». Pensó además en evolucionar un poco más, «personificándolo, disfrazándome de los personajes y despertar esa parte mía», explica ante la razón de incluir algunas fotografías suyas vestida de la peculiar niña del lobo en esta exposición. «Me vestiré de 'Alicia' y 'Blancanieves'», desvela.
En caperucita, Boj sostiene que «el cuento original es un despertar a la sexualidad, más tarde vino la versión moralina, y yo planteo que la niña tiene que buscar al lobo, cuanto antes lo encuentre más completa será».
Respecto a Blancanieves, Laura Boj se centra en el complejo de Edipo de la madre y lo que entiende como su «obsesión por ser joven y la envidia sobre su hija». «Lo que hago es unir madre e hija contra el juicio, es decir, el espejo».
Alicia refleja la evolución. «La adolescencia de un hombre o una mujer, es una especie de chiste, porque va al País de las Maravillas a descubrir su sexualidad».
Por lo que respecta a la Princesa y el guisante, el Príncipe buscaba una mujer sensible, que descubriera un guisante bajo veinte colchones. «Ella a medianoche lo encuentra y se lo come, porque es sensible sin necesidad de que le pongan a prueba».
Barbazul, por contra, se parece al lobo. «Ella descubre su parte más cruel, descubriendo a Barbazul, porque somos buenos y somos malos».
Rapunzel es la niña de la trenza que la pone en la torre para que la salven. «Ella consigue unas tijeras y baja por su cuenta, sin esperar que nadie venga a salvarla porque ella se salva sola».
Otro clásico. La Cenicienta se rebela y, al contrario que en el cuento, entra a la fiesta a las 12 de la noche, «porque entonces no está disfrazada de nada, es cuando más auténtica voy a ser».
En su obra, la piel de foca simboliza el alma, como cuando un hombre le roba la piel. «Recuerdo que hay que tener cuidado con tu piel, y ver a quien se la regalas o con quien la compartes».
Piensa Laura Boj que a los clásicos «no se les da el valor que tienen, porque hay mucho simbolismo, y si se conoce, se puede actualizar». Para ella «muchos de los cuentos actuales siguen esa estructura, y en realidad el cuento es un modelo de comportamiento para encontrarse a uno mismo».
Boj expone en 'Fresas y Chocolate' porque sostiene que una galería «da más seriedad, y si no expones allí parece que no tienes un nivel adecuado». Admite en cualquier caso, que «no es fácil entrar y menos ahora, como está el tema, porque nadie apuesta por alguien semidesconocido». Sin embargo, la artista asegura que Alicante «tiene un movimiento underground que crece mucho y espero que le dé un empujón a lo privado y a lo institucional, hay mucha gente haciendo ruido y de ahí saldrá algo».
Estudió en Altea. «Se ve interés porque aquello crezca, ahora desconozco el nivel, pero para mí fue una experiencia provechosa, hicieron lo que pudieron, nos dieron una forma de entender el lenguaje artístico distinta».
Por otra parte el mercado del arte es «farragoso, no sabes si se valora algo porque es bueno o porque alguien lo dice, yo quiero creer que porque es bueno, aunque ahora se está empezando a entender de otra manera, lo que implica una vuelta a lo artesanal, fotografía y manipulación», afirma la artista, quien reconoce vivir un momento «muy optimista».
Laura Boj ha tenido siempre «la necesidad de comunicar, y con la palabra era complicado, con la imagen más fácil. He utilizado el arte como terapia, a veces sin darme cuenta, para conocerme, para ver la evolución de mi pensamiento. Llevo veinte años haciendo cosas que me afectan, pero dibujando toda mi vida. Todo lo que he hecho hasta ahora eran pasos necesarios para llegar donde estoy», concluye.