El PP provincial, su institución más emblemática (la Diputación), su presidente (de ambos), y varios de sus ayuntamientos, alcaldes y concejales de la Vega Baja están inmersos en mayor o menor medida, según las investigaciones policiales, en la principal trama corrupta de intereses político-empresariales detectada hasta ahora en Alicante, el 'caso Brugal'. Pero, paradójicamente, la primera víctima de este contubernio ha sido un cargo socialista. Antonio Amorós dimitió el pasado día 10 como portavoz en la corporación provincial y poco después el secretario general del PSPV, Jorge Alarte, proponía a Madrid su suspensión cautelar como militante socialista.
Amorós ha pasado de ser uno de los destacados protagonistas de la escena política provincial, a verse obligado a hacer mutis por el foro (acción que por su condición de hombre de teatro no le es desconocida) cuando su papel sobre el escenario todavía no había finalizado. La dimisión de portavoz era algo que entraba en sus cálculos tras la publicación de sus reuniones, con fotos y conversaciones incluidas, con uno de los protagonistas del Brugal, el empresario Ángel Fenoll. Pero no esperaba que le cayera encima, a renglón seguido, la suspensión de militancia (pese a no estar formalmente imputado por ningún juez) propuesta por Alarte, con la oposición de parte de la dirección del PSPV, incluida la secretaria provincial, Ana Barceló.
Una situación que interpreta como un agravio frente a otros cargos públicos del PSOE que están imputados y siguen en sus cargos. Para algunos, la precipitación de Alarte en sancionar a Amorós responde a su empeño en eliminar de la escena al que está considerado como el hombre en la provincia de la secretaria federal de Organización, Leire Pajín, con quien el máximo dirigente socialista valenciano no hace muy buenas migas. Sea como sea, Amorós, a no ser que Madrid lo remedie, ha visto bruscamente cortadas sus aspiraciones políticas, que según algunas fuentes, incluían buscar acomodo en el Senado en la próxima legislatura de la mano de Pajín. Una eventual imputación en el caso Brugal significaría, a más abundamiento, el adiós a esta aspiración y con toda probabilidad el cierre de una larga trayectoria de 27 años desempeñando cargos políticos e institucionales con el PSOE.
Antonio Amorós Sánchez (Callosa de Segura, 1945) vivió el Mayo del 68 en París, donde estudiaba teatro. Tras su regreso a España, con la llegada de la democracia, se estableció en Elche, desde donde siguió con su actividad teatral en las facetas de autor, actor y director, además de profesor y articulista.
Pero además del teatro, la vocación de Amorós era la política. Tras afiliarse al PSOE de Elche, en 1983 salió elegido concejal en el segundo mandato del fallecido Ramón Pastor. Después de un paréntesis de cuatro años, regresó al Ayuntamiento con Manuel Rodríguez en 1991 y siguió en la corporación con Diego Maciá hasta 1999. Un desencuentro con este último alcalde le llevó a 'exiliarse' a su pueblo natal, Callosa de Segura, donde fue edil durante un mandato, hasta 2003, año en que fue repescado por Maciá. Con la llegada de Alejandro Soler a la alcaldía, en 2007, siguió en su equipo hasta ahora, como responsable de Movilidad Urbana y Transportes.
Amorós fue también secretario del PSOE en el Baix Vinalopó, cargo que desempeñó hasta la disolución de la estructura comarcal, y que conservó incluso mientras fue concejal en Callosa, una localidad de la Vega Baja.
Desde 1991 es diputado provincial, labor que le ha alejado de los cometidos municipales en Elche pero que le ha posibilitado establecer una red de contactos y un creciente poder dentro del socialismo provincial, especialmente a raíz de sus dos etapas como portavoz en la Diputación, la última hasta la pasada semana. Una de las primeras demostraciones de su capacidad de maniobra fue cuando desde su 'destierro' callosino propició, junto con los alcaldes socialistas de Albatera y Santa Pola, que Elche se quedara durante cuatro años sin representantes del PSOE en la corporación provincial, en represalia contra Diego Maciá.
La Diputación ha sido, sin duda el terreno en el que Antonio Amorós se ha desenvuelto como pez en el agua. Pese a permanecer en la oposición, su papel de portavoz o presidente del grupo socialista le ha permitido obtener inversiones para municipios socialistas, cuyos alcaldes y ediles acudían a él para plantearle necesidades sin cubrir en sus pueblos, que él trataba de solucionar. Así fue como se convirtió en una especie de 'conseguidor', un papel que, según algunos de sus compañeros, «le viene como anillo al dedo, porque le gusta estar en el meollo político».
Buena parte de estas inversiones o actividades que han ido llegando a los pueblos pequeños las ha ido consiguiendo Amorós gracias a sus buenas relaciones con el presidente de la Diputación y del PP provincial, José Joaquín Ripoll. La entente política entre ambos, que se ha traducido en la práctica desaparición de la oposición en la institución provincial, ha llegado a extremos que ha sorprendido e incluso molestado a círculos del PSOE que no aprueban esta situación. Algunos ven en esta buena relación de Amorós con Ripoll y los alcaldes socialistas la implicación del ex portavoz en el tema de las basuras de la Vega Baja. Él la defendió ante sus compañeros como un intento de que la planta no se instalara en Albatera, entonces un feudo socialista.
Amorós ha sido también el enlace perfecto entre el alcalde de Elche y Ripoll no sólo en cuestiones meramente institucionales, sino también políticas. Mucho se ha hablado en este mandato de la supuesta pinza entre ambos mandatarios frente a un 'enemigo' común: Mercedes Alonso. Enfrentada a Ripoll, fue despojada por éste de sus funciones en la institución provincial tras la suspensión de militancia instada por la portavoz popular ilicitana al edil de confianza del presidente provincial, Emigdio Tormo.
Amorós tuvo un papel crucial en el frustrado intento de moción de censura del PP a Soler en 2008 con el supuesto apoyo de la edil díscola socialista María Ángeles Avilés. Una operación que no prosperó por la ausencia 'laboral' del ripollista Tormo, primero, y su negativa después a secundarla. Amorós defiende que ha actuado correctamente en el caso que le ha costado el cargo y que habrá sorpresas para quienes le han condenado antes de tiempo. El 'conseguidor' no ha dicho su última palabra. De momento, mantiene sus competencias como concejal.