Pablo Campillo es un oriolano que lleva más de 20 años trabajando en el mercado para seguir con una tradición familiar que comenzaba por sus abuelos maternos. Se adhirió a la generación de sus tíos y empezó a trabajar muy joven. Años más tarde, decidió encargarse él solo de un puesto. Desde entonces, cada día se ha levantado muy temprano para ir a San Bartolomé, San Miguel, Almoradí, Ciudad Quesada, Rojales, Totana y Abarán. Hace más de un año que ha vuelto a su localidad donde también acerca sus salazones y embutidos a sus clientes.
- ¿Qué encuentra de satisfactorio en su trabajo?
- Mi familia y yo somos artesanos porque nos dedicamos a preparar género y lo elaboramos como si nos lo fuéramos a comer nosotros, con todo el cuidado y el trabajo necesario. Disfruto cuando la gente viene y te dice que está muy bueno lo que se está llevando. También es verdad que el género es un poco más caro que en otros lugares donde no lo trabajan igual.
- ¿Qué aspectos negativos destacaría?
- Cuando la gente no te compra con alegría porque las cosas no están para eso, levantarte a las cuatro de la mañana para terminar doce horas después, pasar calor, pasar frío, se hace más difícil cuando uno no vende nada, porque hay veces que no saco ni un jornal para llevármelo a mi casa. Además están cada vez más altos los impuestos y Sanidad es muy exigente, algo que veo muy bien, pero se están poniendo las cosas muy mal porque hay que pagar muchas cosas y no hay ayudas por ningún lado.
- ¿Cómo es el trato con el cliente en el mercado?
- Antes había una clientela que era fija, y ahora por las circunstancias económicas, estas personas buscan en otros establecimientos o puestos donde está más barato, sin fijarse en la calidad y por vergüenza de no pasar por mi puesto, ni saludan. Pero hay que dar gracias porque aún quedan algunos que si no se llevan un kilo de embutido, se llevan un cuarto.
- ¿Ha pensado montar un establecimiento?
- Había pensado montar un local con buenos productos y mantener al mismo tiempo el puesto del mercado, pero tal y como están las cosas me voy a tener que esperar.
- ¿Cómo definiría su trabajo?
- Es sufrido, pero cuando uno obtiene su recompensa diaria se lleva mucho mejor. Yo estaba muy a gusto cuando las cosas iban bien y pegaba un salto de la cama cuando sonaba el despertador a las cuatro de la mañana.