La diversificación, esa palabra sobre la que tanto se ha dicho en los foros económicos, consistente en que las actividades generadoras de empleo y riqueza sean distintas y complementarias a su vez, no está siendo aplicada en los patrones productivos de escala. Es como si nos resistiésemos a aceptar que el ciclo de turismo, luego construcción se ha terminado con estrépito y consecuencias, al parecer, todavía no suficientemente valoradas respecto a su repercusión social.
El cambio de modelo productivo, tan anunciado por el Gobierno de Zapatero, no llega y, como se suele decir, ni se le espera. Independientemente de juicios políticos, lo cierto es que la improvisación se ha alojado en Moncloa y ya no se cuantos bandazos llevamos. Primero plan E, obras para todos hagan o no falta. Luego recortazo en las infraestructuras, pero menos ante la presión del sector. Ahora subida de impuestos, sin saber ni cuánto ni cuáles. Sinceramente parece como una película del inmortal Martínez Soria que, de tanto lío y enredo, al final no se aclaraba nadie, cierto que los finales de todas estas comedias son felices, a ver si en este sainete de indecisiones gubernamentales también.
En estos 27 al sur que tanto queremos, las cosas no son muy distintas y, desgraciadamente, por parte de ayuntamientos y Generalitat tampoco se aportan grandes ideas ni apuestas por la recuperación del tejido empresarial, de esos emprendedores que tanta falta nos hacen para generar la clave de todo, el empleo. Pusimos todos nuestros huevos en el mismo cesto, construcción y servicios, y ya comenzamos a estar hartos de la monodieta de la tortilla, por que enteros lo que se dice enteros no quedo ni uno después del batacazo de los últimos años.
Incluso el presidente de los EE.UU., en comparecencia sorpresa en los jardines de la Casa Blanca, dijo estos días que la recuperación económica dependía de las pequeñas y medianas empresas, incitando a sus congresistas a la rápida aprobación de medidas fiscales y de fomento del crédito, para este fundamental tejido empresarial. Ya nos gustaría, ver a nuestros más altos cargos implicados tan directamente con los problemas reales de todos esos millones de autónomos y pequeños comerciantes, que tienen necesidades básicas, y solo escuchan generalidades dirigidas a donde los problemas no se corresponden con el día a día.
La Vega Baja es un territorio particularmente afectado por la crisis, no vamos a entrar en detalles, pero ahora que parece haber indicios de recuperación, y dado nuestro carácter turístico, es un magnífico momento para quedarnos con lo bueno y, poco a poco, ir cambiando huevos de cesto. Si alemanes e ingleses recuperan confianza y poder adquisitivo vendrán, para entonces debemos estar preparados para venderles casas por precio, y sorprenderles con un territorio evolucionado y planes de futuro, abandonando de una vez los localismos y apostando definitivamente por el concepto metrópolis. A tal efecto promover campañas de prestigio internacionales, especialmente en nuestros mercados naturales, debe ser prioritario por exiguos que puedan ser los presupuestos de 2011, y desde luego mucho más interesante y productivo que otros gastos de los que prefiero no acordarme.