Acceder al selecto y preparado grupo de 128 agentes que componen la Unidad de Seguridad y Movilidad Vial de la Guardia Civil (UMSV) no es fácil. Los elegidos tienen que pasar unas pruebas previas sobre conocimiento de los reglamentos deportivos, conducción para motoristas y una entrevista personal antes de que se les seleccione. Sólo pueden estar en esta unidad durante tres años y, a bordo de sus motos, estos agentes del Instituto Armado se convierten cada año, durante la Vuelta a España, en los ángeles de la guarda de los ciclistas.
Llegan a la carrera procedentes de toda España y son los encargados de mantener la seguridad antes y durante el paso de la serpiente multicolor por la geografía española. Los motoristas no son los únicos, ya que también cuentan con el apoyo de las distintas agrupaciones de Tráfico, varios vehículos de la Agrupación de Reserva y Seguridad, el servicio aéreo a través de un helicóptero y seis servicios de transmisiones y material móvil. Ayer salieron de Murcia y controlaron todo el paso de la Vuelta a España por la Vega Baja. El teniente Julio Zapatero explica que independientemente de dónde termine la etapa, como fue el caso de Orihuela, ellos se desplazan a un lugar donde tengan apoyo logístico para pasar la noche, es decir, donde puedan dejar todos sus vehículos en un lugar seguro. En el caso de anoche, durmieron en Alicante para partir esta mañana a Villena.
La UMSV llegó una hora antes de la salida al lugar elegido, en el caso de ayer, Murcia, para que el jefe de unidad comprobara que todo estaba en perfecto estado de revista. Allí se agruparon y tomaron posiciones cada uno en la parte de la carrera que le tocaba. Los primeros en salir fueron los todo terrenos de la Agrupación Rural de Seguridad y luego iniciaron la marcha los motoristas encargados de la seguridad interna de la prueba. Su modo de trabajar es el 'rodillo'. Los agentes se desplazan a diferentes puntos, desde donde señalizan tanto a los ciclistas como a los vehículos de carrera por dónde tienen que pasar, una vez termina el paso del pelotón, cada agente se desplaza al primer punto sin cubrir que encuentre. Ellos son quienes más se juegan el tipo y los que más riesgo corren, ya que tienen que salvar los abanicos que pueda hacer el pelotón y los coches de los equipos.
Durante toda la jornada se vio un buen ejemplo de su trabajo. Cuando la vuelta entró a Orihuela por primera vez, un agente 'armado' con una bandera amarilla señalizaba a la carrera que tenían que entrar a la rotonda de la N-340 desde donde se accede a Ociopía por el carril derecho. Unos doscientos metros antes los espectadores pudieron ver cómo el pelotón se agrupaba para acceder por el lugar señalado. Antes que ellos varios guardias con banderas rojas daban por cortada la carretera y unos metros antes que los ciclistas, otra pareja de motoristas circulaba en paralelo para evitar cualquier intrusión en la prueba.
En el caso de que entre algún vehículo despistado en ese momento a la carrera, tienen orden de poner sus motos entre ellos y los corredores, ya que prefieren que se lleve a un motorista para adelante que a un ciclista, y lo saben. Ellos son la caravana verde que da seguridad a la Vuelta a España.