El sexo no es sólo para jóvenes, teniendo en cuenta además que el concepto de juventud, en la actualidad, no es exactamente el mismo que hace cien años. De hecho, afortunadamente no son pocos los que siguen manteniendo una vida sexual activa más allá de los 65 años. Así lo muestra una conocida investigación de la Universidad de Chicago publicada en el New England Journal of Medicine. Para la ocasión fueron entrevistados 3.005 estadounidenses mayores de 57 años. Los resultados no dejaron lugar a dudas sobre la actividad sexual: tres de cada cuatro (un 73%) afirmaron ser sexualmente activos. Por edades, las cifras se iban reduciendo: poco más de la mitad de los participantes (un 53%) de 65 a 74 afirmaba seguir manteniendo relaciones sexuales y sólo un 26% entre aquellos que tenían edades comprendidas entre los 75 y los 85 años. En cuanto a la masturbación, la investigación mostró resultados parecidos: había mayor frecuencia en las franjas de edades menores.
En cuanto a diferencias entre hombres y mujeres, el estudio puso de manifiesto que éstas se muestran menos activas sexualmente en todas la edades, bien porque consideraban que el sexo no era primordial en sus vidas, bien porque no tenían compañero sexual (muchas de ellas ya habían enviudado). Tanto hombres como mujeres presentaron alguna disfunción sexual, entre las cuales destaca la dificultad para obtener y/o mantener la erección en el caso de ellos (37%) y la falta de interés sexual por parte de ellas (43%). Muchas de estas disfunciones eran secundarias a otros trastornos o enfermedades como la diabetes. Así que en esta ocasión, la mayoría de disfunciones sexuales, más que ser consecuencia de la edad, son fruto de otras alteraciones físicas. Cabe destacar que en este grupo de edad son muy pocas las consultas a especialistas sobre sexualidad
De manera que parece quedar bastante claro que la actividad sexual no está reñida con la edad y en la mayoría de ocasiones, la disminución del deseo o la falta de actividad sexual está mucho más relacionado con problemas de salud o con la falta de un compañero más que por el mero hecho de pertenecer a la tercera edad.
Se acaba así con uno de los mitos que afirma que el sexo es solo para gente joven y que, una vez llegamos a una edad, la gente renuncia a seguir manteniendo relaciones sexuales. Creemos erróneamente que a esa edad ya no se piensa en sexo ni se siente deseo, pero no es cierto. Más allá de jugar a la petanca y cuidar a los nietos, existen otros intereses y actividades que pueden seguir siendo placenteras y saludables. El deseo sexual nos acompaña a lo largo de todo nuestro ciclo vital, contrariamente a lo que se ha creído durante mucho tiempo. Si bien es cierto que los cambios fisiológicos propios de la edad no permiten en ocasiones una actividad sexual igual de frecuente y vigorosa que la mantenida durante la juventud, no es menos cierto que no pueda ser posible seguir manteniendo una frecuencia determinada de encuentros sexuales una vez hemos alcanzado la tercera edad.
Crecer, madurar y envejecer no tienen que ser sinónimos de renunciar a lo que en su tiempo nos hizo felices, más bien implican una nueva vivencia de lo que siempre ha estado ahí. Lo realmente interesante son las experiencias que nos acompañan, no el tiempo transcurrido porque como decía Abraham Lincoln, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.