A quien madruga, Dios le ayuda', argumentan los del PP. 'No por mucho madrugar amanece más temprano', les responden desde el PSOE. La cuestión es que los populares, con su candidata 'in pectore' Mercedes Alonso al frente, le han ganado la iniciativa a los socialistas y ya están en precampaña y con ganas de guerra, porque, dicen, ya tocan con la punta de los dedos el sillón de la Alcaldía. La convención celebrada hace un mes en el Centro de Congresos, a mayor gloria de la portavoz municipal, marcó el inicio de esta larga precampaña en la que ya veremos cómo llegan de fuerzas los dos primeros espadas a la cita del 29 de mayo del próximo año. Rápidamente, Alonso ha nombrado a una persona de su total confianza, Antonio Luis Martínez-Pujalte, para que coordine la elaboración del programa municipal con el que se presentará ante los electores. Y a renglón seguido la lideresa popular se ha lanzado a visitar a los colectivos y asociaciones locales para pulsar la 'voz del pueblo' y hacerles las correspondientes promesas. A los de la patronal de componentes del calzado ya les ha prometido que cuando sea alcaldesa rebajará impuestos, tributos, tasas y lo que se presente a las empresas para reactivar la economía y crear empleo. Cuidadín con lo que se promete durante la campaña que luego podría ser que haya que cumplirlo. Ya le pasó a Alejandro Soler, que se desmadró prometiendo más subvenciones y locales para todas las asociaciones y colectivos que se cruzaban en su camino hacia la Alcaldía, y a la hora de cumplir lo prometido, las cuentas no cuadraban. Y es que hay gente tan mal acostumbrada que cuando un/a político/a gana las elecciones, va y le pide que cumpla sus promesas. Sí, sí, se lo aseguro que hay gente así. Y más si se trata de dinero. En ese caso no hay recato alguno y al día siguiente de tomar posesión la primera autoridad ya están ahí dándole la tabarra y con la mano extendida. Vivir para ver.
Estábamos en que Alonso y los suyos les han tomado la iniciativa a los socialistas en lo de la precampaña. La estrategia de la autoproclamada candidata pasa por apretar el acelerador en estos catorce meses que faltan hasta las elecciones, por intensificar los contactos con asociaciones y hacerse muchas fotos, dejarse ver mucho por la calle (sabedora del tirón popular -de pueblo- que tiene en el cuerpo a cuerpo con los vecinos, como ya demostró hace tres años); y achuchar más al equipo de gobierno socialista-compromisario, afeándoles su mala gestión, derroches, ineficacia ante la crisis y hasta lo del cambio climático. En clave interna esta estrategia de Alonso pasa por verse refrendada como presidenta del PP en una asamblea que Ripoll tratará de negarle hasta lo insospechado, con la excusa de que primero tienen que resolver en Madrid el expediente abierto al 'rebelde' Emigdio Tormo, que ha dicho que quiere optar también a la presidencia. Es lógico que Alonso quiera tener su propia casa ordenada antes de tratar de ordenar la casa de todos, pero la cosa no va a ser sencilla. Aunque hoy por hoy, en unas elecciones limpias y sin manipulaciones (conceptos estos bastante reñidos con la historia del PP local), cabe pensar que la actual portavoz no tendría problema para lograr la presidencia, también es verdad que no hay enemigo pequeño y que casi con toda probabilidad la asamblea local y su resultado acabarán impugnados, por ejemplo, por el tema del censo popular, cuya composición sigue siendo uno de los grandes misterios de la moderna historia política local. Y continuará la incertidumbre y la zozobra en el seno popular. Tal vez me equivoque y me esté dejando llevar por los antecedentes, pero hasta que no vea que esto ha cambiado de verdad, continuaré en mis trece. Por lo tanto, el camino que seguirá Alonso para llegar a la Alcaldía no será tan rectilíneo ni sembrado de rosas como desean ella y su equipo, sino más bien, como decía la canción, largo y tortuoso.
A todo esto, ¿qué hacen los socialistas? ¿Están nerviosos? ¿Inquietos? ¿Sufren palpitaciones al ver cómo su rival se les adelanta? No, nada de eso. Calma total. Eso es lo que aparentan Alejandro Soler y los suyos, sabedores de que quien tiene que correr más son los que salen con desventaja. Claro que también hay dentro de las filas socialistas quien está pensando en la fábula de la liebre y la tortuga, y tratando de advertir de las nefastas consecuencias de los excesos de confianza. En cualquier caso, el PSOE esperará a finales de mayo para dar el pistoletazo de salida a la precampaña, y lo hará por todo lo alto. El mismísimo Zapatero le dará el espaldarazo a Soler ante la 'crème de la crème' de los alcaldes y concejales socialistas de toda España. Desde ese momento, la misión del alcalde y candidato estará clara: hacer valer el peso de su gestión, la mejora de la ciudad, la lucha contra la crisis, las medidas a favor del empleo, la transformación de la ciudad (gracias, por supuesto a los planes E y a los grandes proyectos de infraestructuras del Gobierno central: AVE, aeropuerto, Ronda Sur..) y por supuesto, muchas inauguraciones, fotos y visitas a barrios y pedanías.
Es innegable que Soler tiene a su favor el peso de la gestión y de las obras y mejoras realizadas gracias a la ayuda de 'papá Estado', mientras que Alonso se presentará con el escueto aval de haber logrado, por primera vez en varios lustros capitanear una oposición unida -excepto por el díscolo Tormo- y de ejercer como tal. Mucha diferencia, pensarán algunos. Vale, pero una cosa es lo que cada uno aporta ante el electorado y otra muy distinta es el resultado final. En política 2+2 no siempre (o casi nunca) son cuatro. Hay veces que se cuela en una operación tan sencilla alguna raíz cuadrada o una fórmula polinómica y la suma acaba dando 3,1416 o algo más sorprendente. Ya rugen los motores y sin duda se quemará mucha gasolina hasta el 29-M-11. Ojo al parche.