España no tuvo en tiempos pasados demasiados diseñadores de moda y siempre siguió la tendencia de otros países más avanzados en el tema. Así por ejemplo, las señoras se vestían a la moda de París, mientras que los caballeros encontraban elegancia en las confecciones inglesas o italianas, según la época. Recuérdese al respecto lo que ocurrió con el Príncipe de Gales, quien a pesar de ser un tanto veleidoso, implantó sus modas. Un día salió a la calle vistiendo un traje a cuadros y como, además de veleidoso, era lo que se dice un dandi, todo el mundo se copió de él e hizo furor la moda del traje 'príncipe de Gales'.
En otra ocasión, según se dice, vayan ustedes recordando, rompió unos pantalones nuevos montando a caballo. Acudió rápidamente a una tienda y se compró unos nuevos. Comoquiera que le venían un poco largos, dobló la pernera por la parte baja y desde entonces todos los sastres confeccionaban los pantalones con doblez por abajo. «¡Miren ustedes al Príncipe de Gales - se decía - ha implantado la moda!» Y se convirtió en el árbitro de la elegancia y la moda corrió por toda Europa, ya fuera París, Londres o Roma.
Como los españoles somos un poco copiones, por no decir monos de imitación, siempre hemos estado a la moda que nos imponían de fuera. Pero ahora, señores, hemos llegado al culmen. Ya no es París, Londres o Roma. La última moda viene nada más y nada menos que ¡¡¡de Palestina!!!
Como lo oyen. Si ustedes se han fijado bien, habrán visto a jovencitos y jovencitas luciendo orondos el pañuelo palestino.
Una prenda, sin ofender a nadie, bastante basta y fea por cierto, de lana fina y dibujo de redecilla, justo como el que usaba el mismísimo Yasser Arafat (que en paz descanse), con la diferencia de que el ilustre filisteo lo llevaba sujeto a su turbante y rodeando el gaznate (debía ser muy largo), mientras que ahora los jovencitos y jovencitas lo lucen a modo de bufanda, dejando suelto un pico por delante, y que ha venido muy bien en estos días de 'frescoreta alacantina'.
Y todo esto es muy raro, porque antiguamente no había diseñadores por estos pagos y aparte el de Gales, nos teníamos que plegar a una Cocó Chanel (que, por cierto, dicen tenía más de lo primero que de lo segundo) o a un Giorgio Armani. Ahora tenemos a un tal Francisco Rabanero (léase Paco Rabané), un Montesinos o los inefables Victorio & Luchino. Incluso sin salir de la terreta, ahí están Hannibal Laguna (con hache y dos enes) y Manolo Espuch.
Por eso extraña que la moda venga de Oriente Próximo, y lástima que no viniera del Lejano Oriente, que hubiera tardado más.
Otra ventaja que tiene el ya famoso pañuelo palestino es su bajo precio. Lo venden los mal llamados 'hyppies' que colocan su tenderete en la Explanada, donde lo pueden adquirir por el módico precio de tres euros. Y sirve para preservar el cuello, el pecho, la garganta, y además para fardar o molar un poco.
Un consejo. No se les ocurra ir a Palestina con el dichoso pañuelo porque a lo mejor se arma.