No consiguió el Hércules marcar ni ganar, aunque no perdió. Y quizás era ése el objetivo principal. Pero cuando uno juega con dos hombres más durante casi media hora es difícil conformarse con un solo punto, aunque lo haga fuera de casa. El empate no ayuda a cambiar las sensaciones que ofrece el equipo, que acumula ya 270 minutos sin ver puerta. La imagen de los blanquiazules rozó la mediocridad y otra vez volvió a emerger Calatayud como el mejor hombre para demostrar que su error contra Las Palmas fue sólo un accidente en una trayectoria intachable.
No hay peor sensación que la ausencia de sensaciones. Y eso es lo que sucedió con el Hércules durante la primera mitad. Mucha tensión; grandes expectativas pero muy poco fútbol. Esteban Vigo prescindió del único futbolista capaz de sacarse de la chistera alguna jugada para soñar. Sin Tote, el Hércules fue demasiado plano y ofreció el balón y el partido al conjunto local. Las bandas apenas aparecieron y Portillo se convirtió en un mero espectador. No tuvo ni una para ensayar el disparo a gol.
El equipo del 'Boquerón' se marchó al vestuario sin haber construido ni siquiera una ocasión de peligro ante la meta de Elía. Enfrente el Murcia apretó cada vez más y obligó a Juanra y Calatayud a emplearse a fondo. El lateral derecho le ganó la partida al ex blanquiazul Capdevila en dos acciones casi idénticas en la ejecución. Chando se prodigó con exceso por el área visitante. Primero la tuvo frente a frente a Calatayud, que le aguanta muy bien y evitó el primero demostrando así el gran portero que es pese al error de la jornada anterior. Después puso dos centros al segundo a la media vuelta que Juanra despejó bien.
La defensa blanquiazul, con Pamarot en sustitución del lesionado Paz, ofreció la medida ante las embestidas de Natalio, Capdevila, Isaac y Chando. Pero no hubo noticias de la creación. Jorge Alonso, que tuvo continuidad en el once, no dio una a derechas. Demasiadas imprecisiones en la medular impidieron al equipo aparecer en ataque. No hubo luz en el centro del campo, que sigue echando de menos a Farinós.
Lo mejor de la primera mitad fue mantener las opciones intactas. Sólo en el último minuto el conjunto alicantino trató de meter una marcha más para llegar arriba, aunque sin peligro alguno. El ex herculano Sergio Fernández apenas tuvo que emplearse. Una noche demasiado plácida para el defensa leonés pese a las urgencias de los blanquiazules.
El Hércules se pareció a esos equipos mediocres que buscan el empate en campo ajeno como magnífico botín. Careció de personalidad; anduvo paralizado y decepcionó. Fue un bloque atenazado por los condicionantes.
Contra nueve
Después de un primer acto tan tedioso, sólo cabía mirar al banquillo para buscar un revulsivo. Pero la mejor noticia para los herculanos llegó en el inicio de la reanudación con una doble expulsión en el Murcia. Primero vio la roja directa Iñaki Bea por una supuesta agresión a Tiago Gomes. El siguiente movimiento lo hizo Esteban Vigo desde el banquillo para dar un toque de velocidad al equipo. Dio el relevo a Kiko Femenía en detrimento del portugués, que se marchó del terreno de juego con cara de pocos amigos.
Todo cambió en superioridad numérica. El Hércules quiso más el balón. Y entonces llegó la roja directa a Capdevila, que intentó pelear un balón en la misma cara de Kiko Femenía. Quizás no tuvo intención de agredir, pero el reglamento es claro.
Con dos hombres más, el 'Boquerón' sacó a Tote para que acudiera al rescate y pidió a los suyos que adelantaran líneas. Al Hércules se le presentaba la ocasión pintiparada para reencontrarse con la victoria. Sin embargo, no fue todo lo fácil que se podía suponer. Al conjunto alicantino le faltó claridad para llegar al área de Elía a pesar de la superioridad numérica. Y es que el Murcia redobló esfuerzos y no se dejó llevar por la situación más que adversa. Después de diez minutos de dominio estéril, el técnico del Hércules echó el resto para buscar el triunfo. Retiró del terreno de juego a Bautista y dio salida a Danciulescu. Se la jugó con tres centrales y todo su arsenal ofensivo sobre el césped. Kiko Femenía lo intentó. Pero poco ofreció el equipo más allá de las acciones a balón parado, de las que tampoco supo sacar rédito.
La ansiedad por conseguir el gol traicionó al Hércules. El reloj corrió en contra de los blanquiazules. Y el árbitro finalmente compensó y echó a Sergio Rodríguez con roja directa cuando ya sólo faltaba unos minutos para agotar el tiempo. Otra vez el partido viró. El Murcia se creció y Calatayud tuvo que salvar la segunda gran ocasión de los pimentoneros cuando Bruno esperaba a boca de gol un centro envenenado desde la izquierda. Los últimos minutos fueron de auténtica desesperación