Los asuntos turbios de la droga pueden a veces acabar muy mal. Juan Ignacio S.P. mató el 10 de enero del pasado año de varios disparos de escopeta a Óscar S.M. porque éste le reclamaba insistentemente 3.000 euros de una partida de cocaína que no le había pagado.
Ambos habían sido condenados unos meses antes en un juicio contra una red de narcotraficantes que operaba en las comarcas del Vinalopó. Pero no cambiaron y siguieron a lo suyo.
Como había hecho ante la Guardia Civil y la juez instructora, el presunto asesino se declaró culpable en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial, aunque alegó que tenía «pánico» a la víctima y por eso intentó protegerse de ella.
«Me decía que me iba a matar a mí y a toda mi familia. El día antes llegó a reventar con una pata de cabra la puerta de mi casa y cuando llegué me la encontré toda revuelta», declaró el reo.
Lo cierto es que Juan, vecino de Monóvar, quedó esa noche con Óscar para pagarle en el paraje de los Molinos, en término municipal de Novelda. Previamente, tal y como confesó él mismo ayer, había escondido dos escopetas en unos matorrales junto con unos guantes de látex. «Él tenía una pistola. Mi intención era protegerme, arreglar las cosas. Pero vi la intención que llevaba», contó ayer al tribunal.
De modo que pidió a Óscar que detuviera el coche para orinar y presuntamente fue a buscar las armas. Acto seguido, le descerrajó dos disparos a través de la ventanilla del piloto y otros tantos por la del copiloto.
Según su versión, Óscar hizo amago de coger su pistola -nunca fue encontrada, como las escopetas- cuando a él se le disparó su arma «dos veces por los nervios».
La Guardia Civil sospecha que el presunto asesino, para quien el fiscal solicitó ayer 19 años de prisión, no actuó solo. Así lo expusieron durante la vista los agentes de la Policía Judicial de Novelda que esclarecieron el crimen.
No cuadraba que acudiera armado con dos escopetas y efectuase disparos desde dos ángulos distintos. De hecho, el Instituto Armado arrestó a un hermano suyo y otro resultó imputado en la causa. Pero no se pudo acreditar la participación de ambos en los hechos: Juan decidió al parecer 'comerse' en solitario el 'marrón'.
Su abogado, Gonzalo Martín, trató ayer de demostrar que el acusado se vio influido por su adicción a la cocaína -la propia Audiencia apreció la atenuante de toxicomanía en el juicio anterior- y el «miedo insuperable» que sentía hacia el fallecido. Por eso solicitó al tribunal que le impusiera una pena mínima: 5 años de cárcel.
Juan pidió perdón a la familia de Óscar. «Lo siento. Esto también ha sido una desgracia para mí». Pero los parientes de la víctima se revolvieron desesperados en los bancos de la sala de vistas al escuchar sus disculpas.