Mombot, Wolf o Chatarra Bot fueron de entre los quince participantes, los microrobots protagonistas concurso anual Oriolbot 2010 junto con sus creadores. Este certamen se celebró ayer tarde en el IES El Palmeral de Orihuela. Una competición reñida donde cada ejemplar creado por los alumnos que cursan grado superior de electrónica de diversas localidades de la provincia como de la vecina Murcia, mostraron sus capacidades a la hora de realizar dos pruebas que determinarían el ganador de este campeonato con vistas a participar en el celebrado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.
En un ambiente de convivencia y participación, el creador de cada microrobot subía hasta la pista su obra electrónica para ponerlo a prueba bajo su atenta mirada y la del resto de compañeros que jaleaban desde sus asientos. El reto consistía en que, sin necesidad de un control remoto, cada microrobot con la ayuda de unos sensores y una programación adecuada siguieran la línea del trayecto marcado, a poder ser el más corto ya que el tiempo se cronometraba. Una caja que debía ser detectada marcaba el final donde dar la vuelta para ir de nuevo al punto de partida, caja que algunos modelos no pudieron localizar y por ello debían empezar de nuevo.
«No tiene muy claro lo que hacer, este prefiere dar vueltas», decía uno de los profesores destinado a comentar los trayectos de estos pequeños robots con ruedas, cuando uno de ellos dudaba qué camino seguir marcado por el vaivén y rotación de su estructura. Creaciones realizadas en los talleres de grado superior de electrónica, en los que también han participado los de grado medio y telecomunicaciones.
En unas cuantas clases Cristian Menárguez y Ángel Zambudio realizaron su modelo SEI-0910, «sin apenas muchos problemas, aunque lo más difícil es programarlos», decían. Modelos que «parten de un esqueleto al que se le incorporan ruedas y sensores que reconocen el recorrido, así como una placa base donde se encuentra toda la programación y una pila de 9 voltios para qué les haga andar», explicaba Iván Nortes con Bob Esponja en la mano.
Tras la segunda prueba eliminatoria, donde todos juntos en la pista debían sortearse unos a otros sin salirse del lugar acotado, se eligió al ganador del campeonato.
Calamandro y Lola fueron dos de los modelos a exhibir en esta competición por parte de un alumnos aventajado en el primer caso y de un antiguo alumno, en el segundo, que desde hace ocho años conserva esta afición por la microrobótica. Antonio García creó a Calamandro con la posiblidad de arrugar una lata de refresco en el caso de que se pusiera en su camino. Pedro González, quién asiste cada año al concurso, esta vez se decantó por Lola, una especie de araña articulada que capta los obstáculos y a los que se enfrenta levantando sus dos patas delanteras y a la que «le mueven 9 motores, tres en cada pata y los restantes debajo de la placa principal», comentaba González ante la expectación levantada entre los alumnos y profesores.