Una persona que bien conoce a Lucía Izquierdo asegura que la nuera de Miguel Hernández arrastra una injusta leyenda negra de pesetera, escrita durante los últimos años no tanto por ella, como por algunos de sus presuntos amigos, aquellos que han integrado la llamada 'cultureta'. No tengo el conocimiento suficiente sobre el personaje, pero sí confío en mi amigo, que no suele equivocarse. El debate entre Alicante y Elche ni me va, ni me viene. Creo, sinceramente, que para disfrutar del poeta no necesito tocar un manuscrito, sólo leer casi cualquiera de sus ediciones y para ello, hoy en día, es tan fácil como encender un ordenador. Ahora bien, sí quisiera romper una lanza, pero no por Lucía Izquierdo, sino por sus derechos como heredera.
¿Tiene sentido que el admirado Joan Manuel Serrat publique un disco con letras del poeta, gane dinero y la familia de Miguel Hernández no obtenga un euro? Sí tendría razón de ser si se tratara de un festival benéfico o de cualquier otra iniciativa sin ánimo de lucro. ¿Es eso ser una pesetera? ¿O es más bien la defensa legítima de unos derechos? Por otro lado, ¿por qué hay que confiar en una tasación del legado realizada por la Biblioteca Nacional desde la distancia y algunos se niegan a una segunda valoración? Dicho de otra forma, creo que la señora Izquierdo hace bien en defender la herencia, tanto su valor como su precio.
Eso sí, bien haría Lucía, y perdón por lo coloquial, en mejorar su imagen, en especial, la que ofrecen algunos de sus representantes. Creer que hay enemigos a la vuelta de cada esquina no favorece a nadie, más bien perjudica la defensa de unos derechos.
En cualquier caso, Miguel Hernández está ahí, hoy más que nunca, aunque sea por un aniversario. Aprovechémoslo, acerquémoslo a quienes aún no lo conocen.
Uno, modestamente, tuvo el privilegio hace ya veinte años, de conocer a una recién licenciada que, casi sin querer, me abrió las puertas del poeta y del antetexto hernandiano. Supongo que aquellas lecturas casi a escondidas en Macerata, que Carmen creo que nunca supo, me permitieron descubrir algo más que un puñado de versos.
Tengo la sensación de que a Miguel no le gustaría ver lo que está ocurriendo, y a mi amiga Carmen, tampoco. Lo reconozco, admirado poeta, una querencia tengo por tu acento.