Pura física. Si chocas dos piedras durante 40 minutos al final saltan chispas. El Meridiano salvó una situación límite de forma agónica y lo hizo sin alardes en el tiro, sin dominar el rebote en absoluto y elevando su media de pérdidas por encima de lo habitual: exactamente 22. El peor Unicaja de la última década sólo ofreció dosis delictivas de dureza y casi le bastó para forzar como mínimo la prórroga. Si no lo hizo fue porque el Lucentum también se hinchó a pegar y porque entre tanta actividad destructora emergió la sociedad Avdalovic-Erdogan para sumar 12 puntos esenciales para el triunfo, el noveno en casa del presente curso.
El largo bostezo en el que se convirtió el primer tiempo reflejó la esencia de un baloncesto muy físico, y poco comercial, basado en el cuerpo a cuerpo. Se olvida de crear para centrarse en la anulación del contrario. Una extraña forma de sumar restando.
Todos los equipos de Aíto García Reneses son capaces de generar mucha actividad en su protección del aro aplicando aquella filosofía que trató de inculcar Quim Costa, su segundo ahora, en el Lucentum: «pega 100 veces y te pitarán 50». Sin embargo, al Unicaja actual le faltan argumentos complementarios.
El Meridiano se fue por delante al descanso pese a tener a tres jugadores con valoración negativa. Y lo hizo porque en el plantel malagueño había cinco en idéntico estado. Sin juego que disfrutar, la grada se aferró a los deslices arbitrales para no sacar las agujas y ponerse a hacer calceta. Las apariciones medidas de Erdogan valieron una ventaja de nueve puntos antes del receso al que obliga el reglamento a los 20 minutos: 34-25.
El tercer acto se desarrolló por los mismos derroteros de imprecisión, desorden, ansiedad y, como no, de estacazos a punta pala. Gente por los suelos, hombres colgados de brazos y árbitros tratando de hacer justicia a su manera sin conseguirlo. Con Pape Sow aún febril, tocaba tirar de Guillermo Rejón y Jorge García. No brillaron, pero tampoco desentonaron en la brega y por eso el Meridiano entró por delante en el cuarto definitivo: 49-45.
Impulso
Llegó el momento de la verdad y la sensación que empezó a irradiar el Lucentum se pareció sospechosamente a la de Illumbe. Un parcial de 0-7 del Unicaja ratificó la remontada andaluza: 49-52. Pero en lugar de miedo, que también, hubo arrestos para no bajar la cabeza. Buena circulación, paciencia, y Avdalovic, desde el 6,25 la coló en el cesto. Los golpes aturdían, pero no mataban, y cuando los malagueños amenazaron con hacer bueno aquello de que quien perdona lo paga, surgió Serkan Erdogan entre la maleza para clavar un triple frontal que oxigenó a la grada y volvió a igualar las fuerzas: 63-64.
En otro arrebato de naturaleza homicida, el escolta turco asestó un nuevo latigazo, este lateral, que elevó aún más la tensión. Carlos Jiménez, experto en apisonar sin ser visto, puso la réplica en la otra canasta: 66-68. El cuento apuntaba entonces a final desabrido ya visto, a pena máxima, a plaza de descenso porque todo el pabellón sabía ya que Xacobeo le había ganado al Lagun Aro de manera holgada.
Faltaba menos de un minuto para el final y en él se reinventó el concepto de eternidad. Los segundos eran cada vez más densos. Avdalovic apretó los dientes, se botó el balón por la espalda, fintó, dio un pasito para atrás y zas... otros tres puntos al saco: 69-68. Los pantallones de vídeo empezaron a pedir defensa y ruido. Restaban menos de 15 segundos cuando Katelynas colocó un tapón inmenso a Berni Rodríguez. El Meridiano defendió el saque de fondo como si le fuera la vida y Cook no encontró a quien pasar la bola. Cinco segundos y balón para el Lucentum con 9 por jugar. Falta a Erdogan sin que el reloj se pusiera en marcha y dos puntos más asegurados desde el 4,70 porque a Serkan le va la marcha. Ojos como platos, corazón a mil y alivio masivo cuando Dowdell estrelló en el aro el triple que podía haber significado la prórroga. Mal partido, sí, pero excelente resultado.