«Ahora, aunque no puedo ir a menudo, os tengo más cerca». Es un mensaje de Josefa García, hija de Fuensanta López, de 83 años de edad, con la que desde hace unas semanas se comunica a diario gracias a Facebook. Los abuelos de la residencia El Paular, de Alicante, han encontrado en esta red social de Internet la mejor manera de no perder el contacto con sus seres queridos y, en especial, con sus nietos, quienes, gracias a su familiaridad con las nuevas tecnologías, están respondiendo con entusiasmo a la iniciativa.
La idea fue promovida por los gestores de este centro, ubicado en el corazón de la partida de Orgegia, junto al Hogar Provincial. Los responsables del complejo se muestran exultantes por la acogida dispensada a lo que, en un principio, se concebióo como una actividad más, con el objetivo de no ceder ni un ápice ante la amenaza de la soledad.
«Veíamos que había familiares, sobre todo los más jóvenes, que, por diferentes causas, no podían desplazarse a la residencia todo lo que los abuelos habrían querido. Y nos pusimos a pensar, hasta que se nos ocurrió esto. ¿Dónde están ahora los jóvenes? En Internet», explica la portavoz de El Paular, Irene Ramos. Y así fue como echó a andar la comunidad virtual del geriátrico, en la que residentes, familiares y empleados entran a diario para compartir impresiones, mensajes de cariño, fotografías, vídeos, enlaces de interés y hasta un blog. Todo ello bajo una estricta configuración de privacidad.
No falta ni la sección de consultorio, de la que se encarga Federico, un hombre de 78 años que es todo un pozo de sabiduría en lo que se refiere a animales, plantas medicinales y, en general, todo lo relacionado con la naturaleza. Desde finales del pasado año, los canales de comunicación entre personas septuagenarias y octogenarias y sus hijos y nietos se han abierto de par en par, después de que las primeras hayan vencido todas las barreras tecnológicas.
«Lo de Internet me encanta. Me comunico con mi hija y siempre sé de ella y ella de mí», comenta Fuensanta, una de las residentes que tiene su propio perfil en Facebook. También dispone de él Ramona Aliaga, de 83 años: «Me gusta mucho. No veo demasiado a mis hijos, que viven en Madrid, y ahora nos podemos comunicar más».
Ramona ha perdido el miedo a la Red y, en general, a todo ingenio electrónico, como lo prueba el práctico teléfono móvil que cuelga de su cuello, con teclas particularmente grandes para adaptarse a sus necesidades. «No me asusta Internet ni los ordenadores. Y eso que no había oído la palabra Facebook en mi vida», afirma Ramona, que tiene cuatro hijos y lleva en El Paular tres años, los mismos que hace que perdió a su marido. Aunque reside en Alicante, precisa que es natural de Argamasilla de Alba, «donde está la cueva del Quijote», apostilla con orgullo.
Hugo Ortega, encargado de la animación sociocultural de la residencia, es el gran apoyo de los abuelos para manejarse por la Red. Por ello pasa buena parte de su tiempo en la zona wifi del recinto. El empleado ayuda a los mayores a intercambiar mensajes con sus seres queridos, a difundir actividades que puedan interesar a los familiares y a colgar fotografías de actividades internas, entre otras cosas. «Por la mañana me suelen decir 'vamos al ordenador, que quiero hablar con los hijos'», relata Hugo, quien se muestra encantado con las experiencias de los residentes a través de Internet.
Irene Ramos recuerda con especial emoción una de las primeras respuestas que recibieron cuando se sumaron a Facebook. «Celebramos el cumpleaños de Paquita y colgamos su foto. A los dos días respondió el nieto, que se emocionó al verla y, encima, poco tiempo después vino y le dio una sorpresa a su abuela».
«Con esta iniciativa, le das visibilidad y transparencia a lo que hacemos. Esto no es un asilo, como se tiende a pensar fuera», subraya la responsable de Comunicación de El Paular, residencia que comenzó su andadura hace quince años y que dispone de 40 plazas.
Felicitación del Imserso
La apuesta del centro por Internet ha suscitado incluso el interés del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), del Ministerio de Sanidad, que ya ha felicitado a El Paular por ello. La misma reacción ha llegado de la Asociación de Familiares de Afectados por el Alzhéimer. «Intentamos que ellos estén en el mundo exterior y que el mundo exterior entre aquí. La psicóloga trabaja con ellos la emoción. En el blog, por ejemplo, han colocado sus historias de vida. Así los hijos han podido conocer cosas que hasta ahora ni siquiera sabían. Por ejemplo, cómo se conocieron sus padres», añade Irene.
Pero los abuelos de El Paular no sólo buscan cariño, también lo reparten a espuertas. De ello pueden dar fe los niños del Hogar Provincial de Alicante, institución que se encuentra muy cerca del geriátrico. «Hace poco, les hicimos una fiesta. Había niños de 18 meses a 6 años. Participaron en talleres, les preparamos una piñata y lo pasaron en grande. Ahora, nos quieren invitar a que vayamos a verles al Hogar», recuerda Irene, quien no se cansa de repetir que «a los abuelos les sobra cariño y los pequeños del Hogar tienen necesidad de eso».
Los ancianos de esta residencia alicantina tampoco titubearon cuando recibieron la propuesta de lanzar una campaña de 'adopción' de nietos denominada 'Por si no tienes abuela'. Consiste en ofrecerse voluntariamente para adoptar simbólicamente a jóvenes que echan de menos a sus mayores en fechas señaladas, como las Navidades. Por el momento, son cuatro los jóvenes, alumnos de la Universidad de Alicante, que se han sumado a la propuesta.
Una de las actividades más recientes desarrollada por la residencia tuvo que ver con el cuidado del medio ambiente. Un grupo de ancianos se trasladó a la sierra de Aigües para poner su granito de arena en las tareas de reforestación de la zona. A juicio del personal de El Paular, este tipo de tareas solidarias «contribuye a la autosatisfacción a través del altruismo y la dignificación de las personas».
El lugar había quedado devastado por un incendio. Con su propio esfuerzo y la ayuda de los trabajadores, los octogenarios, provistos de azadas, agua, pinos y romero, plantaron sus arbolitos.