De surrealista. Así se puede calificar la jornada que se vivió ayer en la Universidad Alicante (UA). Un comedor popular, organizado por la Asamblea de Estudiantes, y que tenía como fin denunciar la falta de calidad y de higiene en los restaurantes terminó con la intervención de la Policía Local. Los agentes, avisados por la Universidad, se perdieron por el campus y tardaron más de hora y media en personarse. Cuando llegaron ya no quedaba ni cuscús ni ensalada de pasta ni gazpacho andaluz. Unos platos que, de forma totalmente gratis, degustaron no sólo los universitarios sino también algunos profesores.
La menor calidad de los productos, la falta de higiene, el incremento de precios -que en ocasiones ni siquiera están bien indicados-, la reducción de cinco a un sólo microondas a disposición de los alumnos en los clubes sociales para calentar la comida que se traen de casa en 'tuperwares', y el cobro a diez céntimos por los cubiertos (si el estudiante los pide pero no consume en la cafetería) son algunas de las reclamaciones contra la empresa concesionaria del servicio y que llevaron a la asamblea a organizar ayer el segundo comedor social junto al Club Social I. En dos mesas colocaron fuentes de ensalada de pasta, cuscús y gazpacho andaluz que prepararon en casa y a la una del mediodía comenzó el reparto para boicotear a la empresa a cambio de «sólo de la voluntad» de cada comensal. «Tiene muy buena pinta», aseguraban Belén, Guerlin y Cristina, tres profesoras de Filosofía y Letras. «Te cobran lo que les da la gana. Y para que me sirvan una fideuà asquerosa prefiero comer aquí», añadía una de las primeras estudiantes en ponerse a la fila.
Mientras vigilantes de la UA controlaban el reparto, miembros del Servicio de Prevención acudían a la zona para preguntar a los estudiantes si contaban con el carné de manipulador y de dónde procedían los alimentos. «De casa de cada uno» respondía Quique. Minutos después les informan que la Policía Local acudiría inmediatamente para identificarles. «Que vengan, que no hemos hecho nada», era la respuesta de los universitarios que seguían repartiendo platos.
Los agentes se personaron, pero más de hora y media después. Cuando llegaron, -al parecer, la primera patrulla se despistó por el campus- ya no quedaban restos de comida. A los manifestantes les pidieron su DNI por «lo que ha pasado aquí» tras recibir una queja del «órgano gestor». Desde la Universidad no quisieron pronunciarse sobre la protesta, que volverá a convocarse la semana próxima.