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Miles de alicantinos se fueron a buscar un trabajo o al exilio

CULTURA

Miles de alicantinos se fueron a buscar un trabajo o al exilio

Juan Ramón Roca, autor de 'Españoles en Argelia: memoria de una emigración', afirma que "se cuentan por miles los españoles que emigraron a Argelia en aquellos años"

28.02.10 - 00:59 -
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Los investigadores no se atreven a poner cifras a un movimiento de personas tan ingente como incontrolado. Juan Ramón Roca, autor de 'Españoles en Argelia: memoria de una emigración', afirma que «se cuentan por miles los españoles que emigraron a Argelia en aquellos años. Quizás 15.000 desde el Puerto de Alicante, o quizás muchos más. Nunca lo sabremos porque es una realidad que la administración siempre ha tratado de ocultar y es difícil encontrar documentos de la época, salvo la correspondencia enviada a Madrid por los cónsules de Orán y Argel sobre los abusos a algunos inmigrantes».
En el campo
La mayoría de los alicantinos que emigraron lo hicieron por motivos económicos. En épocas de sequía o de inundaciones, emprendían viaje a Argelia para trabajar como temporeros en el campo. «Además de que los franceses eran más industriales, las duras condiciones climáticas de Argelia eran más propicias para los levantinos, acostumbrados al calor y a trabajar la tierra», relata Juan Ramón Roca.
«Unos convirtieron los alrededores de Argel en sus tierras de cultivo, y otros trabajaban en la cantera transportando la piedra con la que se construían las carreteras», explica Menages. Y todos con un objetivo común: enviar todo el dinero posible a sus familias.
Muchos de los alicantinos que se marcharon como temporeros acabaron instalándose definitivamente en Argelia. Joan-Lluís Monjo, coautor de 'Els valencians d'Algeria: memoria i patrimoni d'una comunitat emigrada', afirma: «Aquellos que emigraron en el siglo XIX para trabajar como jornaleros agrícolas o en las canteras, fueron especializándose hasta convertirse en podadores o en escayolistas, mientras que otros montaron sus propios negocios». No era extraño pues encontrar en Argelia tiendas de zapatos regentadas por ilicitanos o eldenses, o pequeños establecimientos de venta de turrón o helados atendidos por emigrantes de Xixona o de la Foia de Castalla.
La Guerra Civil española supuso un cambio en el perfil del emigrante. Hasta 1936 eran los hombres los que se marchaban a la vecina Argelia para ganarse la vida, aunque después intentaban llevarse a la familia. Tras la contienda española -y especialmente a partir de los años 50- fueron las mujeres las que comenzaron a emigrar para trabajar en el servicio doméstico. Cuidar a los niños, darles de comer y limpiar eran algunas de las tareas que tenían encomendadas.
La profesora Menages relata que «las mujeres se iban solas, sin sus maridos, para criar a los niños de las clases más poderosas de Argelia. Ellas cuentan que querían mucho a sus amas, que se sentían muy bien tratadas, ya que recibían mejor trato que las que trabajaban con las clases más ricas de ciudades españolas como Barcelona o Alcoy».
Aunque la mayoría de los emigrantes se marcharon por motivos económicos, fueron también muchos los que lo hicieron debido a sus ideas políticas. Y en épocas y circunstancias muy diferentes.
José Huertas, uno de los primeros españoles que recalaron en Argelia, huyó en 1835 tras escapar de la prisión de Cartagena donde cumplía condena por carlista. El abuelo de María José Menages dejó Callosa d'En Sarrià en 1912 por sus ideas republicanas. Y se cuentan por miles los combatientes republicanos que huyeron a través del puerto de Alicante en 1939 hacia un largo exilio. Sólo el 'Stanbrook' embarcó a más de 3.000 refugiados con destino a Orán.
Unos y otros, trabajadores y exiliados políticos, encontraron en la cercana Argelia una tierra de acogida. Así lo aseguran al menos los testimonios recogidos por los autores de estos dos libros. En este sentido, Juan Ramón Roca considera que «en un momento en el que la emigración desde África es uno de los problemas a los que se enfrenta España y Europa, conviene recordar que tradicionalmente hubo una emigración de nuestros paisanos hacia el norte de África que no merece quedar en el olvido». Roca explica que los europeos -españoles, italianos o malteses- eran considerados ciudadanos de segunda, por detrás de los franceses, pero por delante de los nativos argelinos de origen bereber, relegados a ciudadanos de tercera tras la colonización del país.
Buen trato
Àngela-Rosa Menages insiste en que «en Argelia los españoles convivían de forma armónica con los franceses, pero también con árabes, sicilianos o malteses. La convivencia era muy enriquecedora y los valencianos a los que hemos entrevistado nunca nos han hablado de que se sintieran discriminados».
La guerra de la independencia de Argelia supuso, además de acabar con más de un siglo de colonización francesa, el regreso de miles de alicantinos. La mayoría habían nacido allí y, como hicieron sus antepasados años atrás, tuvieron que hacer las maletas en 1962 para huir desesperadamete de una cruenta batalla bélica.
La mayor parte de ellos se marcharon a Francia, donde serían bautizados como 'pied-noir' (pies negros), un apelativo a menudo peyorativo que les recordaba su lugar de procedencia. «Estas personas, a pesar de hablar francés, se sentían extranjeras en Francia y no tenían ningún arraigo», explica Juan Ramón Roca.
Otros muchos optaron por regresar a la provincia de Alicante, donde tenían familia y donde aún residen. Aquí lograron, no sin dificultades, rehacer sus vidas. Guy Huertas, afincado ahora en Alicante, asegura que «los 'pied-noir' nunca fueron bien recibidos en Francia, mientras que en España recibieron un mejor trato».
Ahora son los argelinos los que buscan en Alicante una forma digna de ganarse la vida. Los alicantinos que hicieron el camino inverso no olvidan todo lo que ello supone. Y, sobre todo, aún recuerdan que jamás se sintieron extranjeros en Argelia.
Hicieron la maleta y pusieron tierra de por medio. Unos buscaban el trabajo que aquí no había. Otros huían al exilio perseguidos por sus ideas políticas. Argelia fue el destino de aquellos que encontraron al otro lado del Mediterráneo la única forma de sobrevivir. Esta es la historia -a veces ocultada y casi siempre olvidada- de miles de alicantinos que se convirtieron en la principal mano de obra extranjera del país vecino, fundamentalmente desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la independencia de Argelia en 1962.
La ciudad de Alicante, convertida ahora en tierra de acogida de emigrantes del norte de África, recuerda la próxima semana los vínculos existentes entre ambos pueblos. Casa Mediterráneo ha organizado una exposición gráfica y una conferencia con los autores de dos libros que reivindican el legado cultural dejado en la provincia por los emigrantes que retornaron de la antigua provincia francesa.
Àngela-Rosa Menages, coautora de 'Els valencians d'Algeria: memoria i patrimoni d'una comunitat emigrada', explica que "el valenciano que se habla en la comarca de la Marina tiene algunas particularidades del francés, como utilizar la palabra 'memé' para referirse a la abuela o 'bor' en lugar de manteca". También en la gastronomía se aprecia una evidente influencia francesa. Sólo así se explica la costumbre de muchas familias de comer 'cous cous' al menos una vez a la semana.
Las primeras generaciones de alicantinos que emigraron a Argelia aprendieron allí a hablar francés. Pero no renunciaron a sus orígenes y costumbres. Los padres hablaban con sus hijos en valenciano, comían paella los domingos, iban a la playa y hasta cumplían con la tradición de comer la mona de Pascua en la montaña.
La mayoría de los alicantinos que se asentaron en Argel lo hicieron en el barrio de Bab-el-Oued, que llegó a tener una población de más de 50.000 habitantes.
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