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¡Cómo dueles querido Juan!

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¡Cómo dueles querido Juan!

Juan Cerdán fue , en su corta pero intensa vida, un buen hombre que existió por su familia y dio lo mejor de sí a cuantos honró con su afecto

09.02.10 - 00:47 -
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Apenas hace tres semanas que nos hablamos. Me dijo su tocayo y amigo Juan Cartagena, 'El Futbolista', que «el presi está de chequeo en Alicante». Pese a que estaba a punto de salir del hospital de Alicante para pasar con su familia el fin de semana -le dieron sólo medio rebaje militar porque volvía el domingo- y que bajo la camisa llevaba más agujeros que la fachada de la biblioteca de Sarajevo, los chispazos de buen humor se le salían por cada uno de ellos. «Me están cambiando el aceite para pasar la ITV», me dijo con esa risilla traviesa y cómplice, que casi siempre nos regalaba, «propia de los que somos gorditos», nos consolábamos. Ambos nos hemos reconocido como dos rechonchos sin complejos que nos reímos de nosotros mismos autoproclamando que «no estamos gordos, sino henchidos de felicidad».
Andaba más orgulloso y contento que 'El Tío de la Pita' porque había sido designado consejero de la CAM; «yo creo que desde ahí podremos ayudar a más gente a salir de la crisis», soñó en voz alta hablándome al oído. Estaba orgulloso del nuevo reto. Pero exhibía ese orgullo humilde y tímido propio de los que planean las cosas con poco ruido, entre bambalinas y con suela de goma, para no montar bronca de tacones. Así se movía Juan. Discreto. Amante del segundo plano con gestos de primera fila. Como si no le gustara mirar al objetivo. Como el rey del suspense, Alfred Hitchcock en sus propias películas, en las que salía pero no salía. Como una imagen fugaz, pero imprescindible en el vil cortometraje que a él le ha tocado vivir y los suyos padecer.
No conozco a nadie que no recuerde a Juan Cerdán metido en el trabajo, cuando ya se tomaba en serio eso de amueblarse bien la cabeza mientras hincaba los codos en Jesús Maestro, para pasarse luego un año en los Jesuitas de Alicante, y regresar más tarde a la 'Muy Noble, Leal, y siempre Fiel' Orihuela, para acabar el Bachiller en el Colegio Diocesano de Santo Domingo. Dicen de él los que le han conocido mejor, que siempre tuvo claro lo que no quería ser, por eso se pasó la vida luchando por lo que quiso. Confiesa su hermana Lucre que era un autodidacta, «la vida se lo enseñó todo. Era un luchador en todos los ámbitos. Pero, ante todo, dialogante y sembrador de paz».
Este tipo afable, de arraigadas convicciones cristianas, anduvo en medio de un clan que recontaba a ocho hermanos, cinco varones y tres chicas. Ellos se dedicaron a esa suerte de milagro diario que es el transporte público, el transporte de pasajeros y lo más importante, al transporte de personas; las personas, eso que tanto interesó y cultivó Juan Cerdán. Tras acabar en Santo Domingo se inició como autodidacta. Hizo estudios de Empresariales, era Master en Alta Dirección y Estudios de Balances. En esas triquiñuelas se andaba él cuando, en las playas oriolanas le entró por el ojo una joven murciana. Concha compartió con él lo mejor de él. De ese flechazo de arena y salitre llegaron sus hijas, Conchita y Fátima, las niñas de sus ojos, decía. Las tres, claro. Concha, vecina de ahí a lado, Licenciada en Químicas y profesora de la Universidad de Murcia. ¡Qué listo! Juan, que encontró en el mar de toallas una compañera «mucho más lista que yo», alardeaba llevándose las comisuras de los labios a las orejas.
En ese ínterin, la originaria empresa de diligencias, con caballos como en el viejo Oeste, que fundó su abuelo, Pedro Cerdán Albero, y que remolcó también su padre, Pedro Cerdán Serna, fue cambiando el hálito de cuadras por el olor a gasolina; las herraduras por el caucho. Pero al volante y a los mandos, como antes a las riendas, seguían estando personas. Primero fue la hermandad entre Autocares Costa Azul y La Albaterense, hasta que eligieron carreteras distintas para seguir su camino. Luego fue llegando la idea del Grupo Costa Azul, aunque eso requería de inagotables esfuerzos ocultos. Crearon los 'Serdanes', como llaman al clan familiar en milenaria Orcelis, Autobuses Urbanos de Elche SA y Transportes Periféricos de Elche SA. Con esa flota a pleno rendimiento, Juan Cerdán se empeñó en no pasar por la vida sin hacer algo por los demás. Y se embarcó en proyectos participativos, bordeando la política, cerca de ella pero crítico. Presidente de la Cámara de Comercio de Orihuela, era también Presidente de la Asociación Empresarial del Transporte de Viajeros de la provincia de Alicante y miembro de Asintra -Asociación Empresarial de Transportes de Viajeros). Consejero del Grupo Intesa, que gestiona aparcamientos, gasolineras o grúas. Consejero del IVEX -Instituto Valenciano de la Exportación y Miembro de la Junta Superior de Transportes de la Conselleria de Infraestructuras.
Desde hace años pertenecía a la CEOE, donde cultivó un profunda amistad con su todavía presidente, Gerardo Díaz Ferrán. Siempre se sintió orgulloso de su cercanía con él, pero los difíciles momentos por los que atraviesa, llevaron a Juan a alardear, aún más si cabe, de lealtad, de su amistad y afecto a su presidente. Ahora que tanto necesita éste de afectos, pierde ese motor uno de sus más firmes elementos de compresión. Juan Cerdán se va silencioso, con sus suelas de goma. Deja escritos kilómetros de historia de Orihuela, y de Alicante, y de Elche, y de Murcia. A caballo entre dos provincias y por media España, lega un Grupo con medio millar de trabajadores y mucho futuro por delante. Los 'Serdanes' siguen adelante. Ilusionados, con su recuerdo vivo y el depósito lleno. Descanse en paz junto a su hermano Ángel.
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