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La victoria más dolorosa

meridiano alicante - fuenlabrada (85-82)

La victoria más dolorosa

08.02.10 - 00:47 -
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Hay días desgarrados en los que por más que ganes no puedes quitarte de encima la pena. Horas antes del inicio del encuentro, Óscar Quintana recibió la triste noticia de la muerte de su padre. Con el alma deshecha llegó al CT, se dejó la angustia debajo del traje y fue capaz de dirigir a su equipo en un lance clave para el futuro del proyecto. Le pudo más la profesionalidad que las ganas mordidas de llorar. Tal vez por eso su plantilla fue capaz de mantener la cabeza fría cuando peor pintaban las cosas. Si su técnico era capaz de hacerlo, ellos también. Pudo estropearlo todo Kyle Hill, pero Quintana lo solventó a tiempo. La octava ya es un hecho, eso y que los paralelismos que conectan al Lucentum con Fuenlabrada van mucho más allá de la simple casualidad.
El minuto de silencio resultó sobrecogedor, tanto como ver pasear por la banda al entrenador que mandó al Etosa a la LEB a pesar de no jugarse gran cosa aquel día aciago. Comenzó entonces un partido extraño, un duelo marcado por la intermitencia, por la contundencia defensiva, a ratos, y la relajación malsana. Las rotaciones le sentaron mal al Meridiano, que se fue al descanso con bastante menos premio del que sugería por momentos su juego rápido, cimentado casi siempre en la dualidad efectiva que forma por dentro su dupla lituana: 45-42.
Aún así había que dosificar las fuerzas. Esteban Batista buscaba aclarados con Martynas para cargarle de faltas aprovechando su mayor velocidad y la solidez de sus fundamentos ofensivos. Quintana ordenó un cambio táctico y Rejón se pegó al pívot uruguayo. Fitch, menos eficaz emparejado con Cazorla que con Stojic o Urtasun, iba sumando, pero a mucho menor ritmo que en la primera vuelta. El control del rebote en el tercer acto marcaba la exigua diferencia entre ambos. A falta de 54 segundos para entrar en el parcial decisivo, el técnico lucentino llamó a Hill.
El segundo de silencio que se escuchó en el pabellón lo rompió una pitada bastante elocuente cuando el escolta de Chicago entró en pista. Txemi se iba al banco y la decisión no encajó con el gusto de la grada, cada vez más molesta con el héroe de Fuenlabrada.
Pitos para Kyle Hill
Un balón perdido, otra mala defensa y varios tiros precipitados del norteamericano obligaron a Quintana a rectificar. -4 de valoración para Kyle, que resta y sigue: 68-62. Faltaban diez minutos. Salva Maldonado mantenía las constantes vitales de su equipo intactas sin necesidad de recurrir a fórmulas secretas.
Entonces al Lucentum le pudo la presión, el miedo a perder, la obligación de ganar y la posibilidad real de defraudar a su técnico. La cabeza se le empezó a llenar de circunstancias adversas y no pensó con claridad. Estuvo casi cinco minutos sin anotar. Y siendo muy malo eso, lo peor es que también se olvidó de rebotear (6-14 fue el balance en lo relativo a capturas en el último periodo). Ahí perdió el control del partido y por culpa de eso cristalizó por fin la remontada el conjunto madrileño: 73-76.
El tiempo muerto no solucionó nada (algo que se está convirtiendo en una costumbre bastante molesta) pero al menos sirvió para que Katelynas tomara aíre y ganara en clarividencia, lo mismo que Urtasun (que esta vez sí jugó los minutos calientes) y Avdalovic (que recuperó sensaciones que ya creía perdidas). La combinación de los tres permitió voltear una situación que amenazaba con estrujarle el pescuezo al sueño de la permanencia.
Un parcial de 5-0... y otro pellizco al marcapasos: 77-76. El intercambio de golpes con las franquicias en 'bonus' se resolvió desde el 4,70. 11 libres lanzaron ambos. Stojic falló los dos suyos y Martynas mandó al limbo una presunta bola de partido. Katelynas, inmenso, convirtió esos fallos en anécdota. Vule asumió la responsabilidad directiva con una coherencia que ya se le echaba de menos y sentenció el partido con una serie de seis tiros libres cuando más le pesaba más el brazo a todos. Sonó la bocina, el equipo levantó los puños y Quintana bajó la cabeza. Su corazón viajó a Torrelavega y el dolor se le deshizo en lágrimas.
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Martynas Andriuskevicius culmina un 'alley-oop' pasando por encima del pívot uruguayo Esteban Batista. :: ALEX DOMÍNGUEZ


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