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Dos europarlamentarios alemanes -el socialdemócrata Udo Bullmanm y el verde Sven Gigold- han publicado un manifiesto, 'Cambiemos Europa', que podría representar un tímido renacimiento de las ideas socialdemócratas en una Europa en la que el centroizquierda ha sido arrasado por la oleada conservadora con que la sociedad del Viejo Continente ha respondido a la recesión. Sintéticamente, el manifiesto denuncia que la política anticrisis neoliberal, basada en una austeridad presupuestaria que alcanza a los grandes servicios públicos que son la base del estado de bienestar, y que está siendo impulsada enfáticamente por Alemania, es «injusta, ineficaz e inapropiada», y puede terminar convirtiendo la grave crisis económica en una grave crisis política.
El documento advierte de que las decisiones que está a punto de tomar la UE suponen «un reto sin precedentes para los valores y principios fundamentales que sostienen nuestro futuro común: solidaridad, justicia social, igualdad de oportunidades y desarrollo sostenible». Además -se asegura-, se corre el riesgo de «sacrificar a toda una generación de jóvenes en muchos estados miembros» y se augura «una época de exacerbado nacionalismo, escandalosa injusticia social y toda clase de extremismos». El documento no es utópico: la «estabilidad de las finanzas públicas» es calificado de «objetivo político vital», pero también se recuerda el valor de la cohesión social. Se reconocen las culpas del sector público, pero se afirma que la crisis es sobre todo a causa de un «sector privado irresponsable». Y para retomar el control de las finanzas públicas sin sacrificar la inversión en educación, investigación o renovables, se propone un «esfuerzo común» de todos los países. Se propone crear eurobonos para absorber parte de la deuda y reducir su coste, así como una fiscalidad europea que incluya un impuesto sobre transacciones financieras. El texto está siendo firmado por líderes europeos: Delors, D'Alema, Soares. Es difícil no establecer una relación entre estos balbuceos intelectuales y el movimiento de los 'indignados'. Quizá la convergencia entre el centro derecha y este tímido apunte socialdemócrata podría dar como resultado un reconfortante equilibrio.

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