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Opinión

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AL PASO

Cayo Lara, en olor de 'minitudes', mientras Carrillo propone que la huelga no sea contra ZP, sino contra el sistema financiero

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Este es un país casi tan triste como Venezuela y si no tenemos en Zapatero un caudillo bolivariano como Chávez es porque Europa no es Sudamérica; porque Felipe González dijo 'Otan sí', y porque Carrillo, con tal de quitarse la peluca, aceptó la monarquía parlamentaria, la bandera roja y gualda y todo lo que encierra la Constitución.
A Cayo Lara, sucesor de Carrillo, le falta la sabiduría de Julio Anguita. Éste cordobés de grato recuerdo, comunista serio y de «programa, programa y programa», jamás hubiera venido a Alicante a reunirse con unas docenas de jóvenes para enseñarles a organizar piquetes, que no es labor de un coordinador nacional de una formación política seria como era Izquierda Unida con Anguita.
Lara, como si de un dirigente sindicalista de chicha y nabo se tratara, se identifica con la doctrina de que los piquetes 'informativos' tienen que emplearse a fondo (es lo de 'ganar como sea' que defienden algunos entrenadores de tres al cuarto), el próximo día 29, para que la huelga general convocada por Méndez (casi abucheado en Rodiezmo, «no la hagáis; no la hagáis») no sea el fracaso mayúsculo a que parece abocada. No quieren dejar libertad a la gente y menos a los trabajadores para que decidan si siguen a los tradicionalmente apesebrados líderes sindicales, que se van a quedar con menos militantes que católicos practicantes tiene la Iglesia católica en España.
La huelga general será un fracaso. Lo saben en Rodiezmo y hasta Santiago Carrillo duda de la oportunidad de la convocatoria. Socialista agradecido a Rodríguez Zapatero, sostenía en la SER que nunca debió de convocarse contra el Gobierno, sino contra el sistema financiero, culpable de la crisis y de las medidas del Ejecutivo. Si ZP hubiera pedido consejo a Carrillo, éste le hubiera recomendado que, al anunciar lo recortes económicos y sociales confesara que lo hacía presionado por los poderes económicos de la UE. No entiendo cómo hay periodistas que dicen que Carrillo, a sus 95 años, está lúcido. Pues sí que se han lucido el uno y los otros. El Carrillo dialogante de la transición democrática vuelve a sus orígenes comunistas. Odia a la derecha-centro de Rajoy y no duda en situar al PP más allá de la ultraderecha. Y, para guinda de su trasnochada perorata, esto: «Si yo trabajara en una empresa iría a la huelga». ¿Quiere decir que no la va a secundar?

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