Las personas somos muy contradictorias. Somos capaces de concentrarnos por un partido de fútbol, por nuestro grupo musical favorito, por Fernando Alonso, pero somos incapaces de salir a la calle para luchar contra todas las injusticias que pasan en este mundo.
¿Quién se acuerda de la guerra de Irak? La gran mayoría de las personas ignora que en Mozambique están desapareciendo cientos de niños para el trasplante de órganos y que mientras estoy escribiendo están asesinando a un niño o a una mujer por malos tratos. Nadie va a salir a la calle para luchar por ellos. Sólo aquellos que de alguna manera estén relacionados con dichos temas. Somos egoístas, esa es la realidad.
Mori sufrió un accidente el 14 de agosto de este año. Llamamos al servicio de taxis para llevarlo al veterinario y se negaron porque, según sus normas, no pueden llevar animales en sus coches. Pedimos ayuda a dos personas más y también se negaron a auxiliarlo. Mori murió. Sé que no hubiera servido de nada el que estas personas nos respondieran, pero si hubiera habido alguna posibilidad de salvar a Mori, no hubiera sido gracias a ellas.
Sólo una persona respondió a nuestro desconsuelo. Nos llevó al veterinario y estuvo con nosotras hasta el final. Eva, la veterinaria, intentó devolver a Mori de la muerte, pero no pudo ser. Esta nota es para agradecer a estas dos personas todo lo que hicieron por Mori esa noche.
A pesar de todo, sigo pensando que todavía hay esperanza en que el mundo espabile y luche por lo que merece la pena. Que no dude en ningún momento si salvar un balón o a un ser vivo.