Este país está falto de empresarios como Juan Roig y Manuel Peláez, a los que calificaría de constitucionales porque son de los que han entendido lo que dice la Carta Magna sobre la economía social de mercado, sobre la dimensión social de la propiedad privada, para quienes lo importante no es convertir en oro todo lo que tocan, sino hacer que el oro devenga en mejoras para los trabajadores, en empleo de discapacitados, en recuperación del patrimonio cultural, en apoyo al deporte, en ayuda a los drogodependientes y en mil cosas más, porque, aunque muchos no se lo crean, hay empresarios para quienes lo más importante no es ganar dinero y almacenarlo, sino que revierta en la comunidad.
Yo no digo que Roig, el dueño de Mercadona, o Peláez, el creador de Ecisa y presidente del colectivo Empresa Familiar sean hermanitas de la caridad. Ni falta que hace. Cada uno a lo suyo. Pero es preciso hacer justicia a los empresarios que no se limitan a crear riqueza y empleo, que ya es mucho, sino que van más allá. Ellos no son de los que dedican tiempo y esfuerzos a pelearse en el seno de las organizaciones empresariales (vaya escándalo el que se prolonga, absurdamente, en el seno de Coepa por malas relaciones entre el presidente Modesto Crespo y el titular de Cepyme, Juan José Sellés).
El presidente de Mercadona ha vuelto a saltar a los medios de comunicación porque ha llegado a un acuerdo con los representantes sindicales de la empresa para que las trabajadoras embarazadas puedan dejar de trabajar a los seis meses de embarazo cobrando la totalidad del salario y siendo sustituidas, hasta su reincorporación, por personal contratado en las listas del paro. Mercadona es ejemplo en relaciones laborales, pues entre otros logros tiene a todos sus empleados con contrato fijo. Juan Roig puede presumir de que, además de haberse adelantado a la Ley de Igualdad, ahora la ha superado con el acuerdo que beneficia a sus trabajadoras antes de tener un hijo, esos hijos que llegarán con 2.500 euros bajo el brazo gracias a Zapatero for president.
Roig y Peláez, dos empresarios constitucionales. Uno, valenciano; el otro, alicantino de adopción, nacido en Málaga. Ambos, comprometidos con los problemas de su tiempo. Peláez asegura que hay otros muchos empresarios con las mismas inquietudes. Lo leo el mismo día en que colaboradores de Carlinhos Brown (entre ellos su hermano Marquinhos y sus compañeros del Hit Hop Rooth) apoyan la Escuela de Música Internacional de la Zona Norte de Alicante creada por Virgilio Candela para niños y jóvenes de barrios problemáticos. Aquí hay tarea para muchos más empresarios constitucionales.