En contra de pronósticos, la plaza casi se llenó en la última de Feria, lunes de resaca. Se cubrieron mucho más de tres cuartos de plaza de un público facilón que se lo pasó en grande viendo al Cordobés, a Pepín Liria (que sustituyó al Fandi) y a Javier Conde, todos los cuales fueron orejeados. Sin embargo, el aficionado entendido está hasta las narices de tanta oreja, de tanto mantazo, de tanto grito y tirar almohadillas al ruedo al finalizar la corrida y de espectadores de pantalón corto y chanclas. Pero si de lo que se trata es de pasarlo bien viendo cortar orejas a granel, santo y bueno.
Borja Domecq envió seis toros de los dos hierros de su propiedad; Vegahermosa y Jandilla, mitad y mitad. Todos los cuales dieron excelente juego y poco peligro, con lo que tuvieron excesivas facilidades los lidiadores.
El Cordobés, como más antiguo de la terna, abrió plaza. Lo recibió con siete verónicas y media. y tras una vara recargando y otra sin recargar, Manolo Díaz inició su faena con unos doblones para llevárselo al centro para dar muletazos con las dos manos, especialmente con la derecha, sacando la barriga para seguir con muletazos rodilla en tierra.
El triunfo vino en el segundo de su lote, llamado Zángano, de 480 kilos. Lanceó de capa discretamente, y el animal entró al caballo una vez. Tenía gana de triunfo el madrileño y, viendo la bondad del toro, lo brindó al público. Dando mucha distancia, en el centro del ruedo, dio varios muletazos con la derecha y nada menos que nueve naturales muy eléctricos y se adornó con dos circulares. Todavía hubo cuatro naturales sacando la barriga. Hasta ahí todo tiene un paso. Pero la hecatombe vino con el salto de la rana.
Quería quitarse la espina Pepín Liria de su corrida anterior, y a su manera lo logró. Recibió a su primero con tres largas de rodillas cambiadas, una vara y brindis al público. Tres muletazos de rodillas en el centro del ruedo. Pases de todas marcas sin ajustarse con el toro, y vinieron los adornos: molinetes, martinetes y rodillazos a destajo.
Ante la bondad del toro se puso las botas, pero al entrar a matar recibió un pitonazo en el labio.
Se movió el turno y salió en el sexto lugar, más animoso. Echó rodilla en tierra en una larga cambiada. La faena de muleta fue breve, y recibió un nuevo revolcón. Las dos orejas.
Javier Conde tuvo ayer su tarde y si en el primero de su lote, Alelado, recibió pitos al matar de cuatro pinchazos y media, quiso desquitarse y en el segundo de su lote hizo una faena muy de su estilo, intercalando la suerte que hemos dado en llamar de la escopeta, pero en esta ocasión montera en mano, yendo hacia el toro a paso de ballet para instrumentar un pase de las flores.
Tan motivado estaba por lo que había visto hasta ese momento, se fue al centro para brindar al público para desagraviar de lo anterior. La verdad es que dio algún muletazo estimable, con su toreo aflamencado, y hubo naturales, sobre todo mucho naturales. Una primera tanda ayudándose con la espada. Luego vinieron cinco naturales más con el pico de la muleta y otros tres siendo achuchado. Muy despegados fueron los cinco muletazos con la derecha para acabar la faena. El público se entusiasmo y le jaleó. A pesar del pinchazo, llegaron las dos orejas. Sin duda, el presidente no quiere que le insulten más como estos días han hecho inmerecidamente y abrió la mano a la hora de dar orejas. Y nos fuimos a casa no sea que nos sacaran también a hombros.