Los avisos y el trueno de la Palmera advertían del inicio inminente de la Cremà. Los bomberos probaban las mangueras, se apagaban las luces y los arcos de la plaza del Ayuntamiento y el público comenzó a gritar. Paco Juan, el artista de la Hoguera Oficial, arrojaba los 25 litros de combustible previstos y, a las 12.07 minutos, la pirotecnia arrancaba la cremà de la Hoguera Oficial infantil, que tardó en quemarse más de la cuenta. A los dos minutos se oyeron las tracas de la hoguera de la Rambla y decenas de personas apostadas en la calle Altamira se trasladaron al fuego más cercano.
A las 12.12 minutos, cuando la infanitl aún no estaba consumida, comenzó la cremà adulta con una lluvia de fuego. Fénix empezó a arder de forma muy rápida y las llamas afectaron en primer lugar a los caballos que estaban en lo alto de la hoguera. Fueron los primeros en caer sobre la plaza del Ayuntamiento.
La hoguera se desarmó en cuestión de segundos y sólo se mantenía intacto el armazón, con dos figuras sobre el suelo a las que el fuego no alcanzaba. Los bomberos se afanaron en impedir que las pavesas llegaran a la fachada del Ayuntamiento. La euforia se desató cuando comenzó la banyà. El jefe de Bomberos, Enrique López, se acercó a uno de los efectivos que tímidamente arrojaba agua y le invitó a descargar más volumen sobre los asfixiados espectadores. Y todos quedaron más satisfechos.
Mientras, Geraldine, una joven norteamericana que disfrutaba de uno de los privilegiados balcones del Consistorio, pasaba de cierto temor antes de las doce al entusiasmo contagiado de los miles de gritos eufóricos.
«Molt bonica»
El alcalde, Luis Díaz Alperi, estaba encantado con la cremà de la Oficial: «Molt bonica, ben feta, un poco rápida», explicaba en un inusual valenciano. Añadió que «ha ardido tan bien que casi no nos ha dado tiempo a disfrutar». El primer edil hacía alusión a las ganas de agua expresadas por quienes se acercaron al monumento en llamas.
Díaz Alperi confiaba en que la noche se desarrollase sin incidentes. Para lograr este objetivo, 39 equipos de bomberos, compuestos por 202 efectivos, trabajaron a destajo hasta bien entrada la madrugada, además de un importante número de agentes de la Policía Local.
La Bellea del Foc, Blanca Ortiz, no pudo evitar las lágrimas: «Ha sido muy bonita y emocionante, nunca piensas que puede ser tan bonito». Blanca se hizo fotos con las reinas de las fiestas amigas y, a pesar de su emoción, no perdió el paso para despedirlas afectuosamente.
Una hora antes del inicio de la Cremà, miles de personas de arremolinaban en los únicos accesos a la plaza desde donde podía disfrutarse del emblemático acto que culmina la Fiesta. Los más jóvenes ya pedían agua a los bomberos y no dudaban en meterse con los efectivos valencianos que, por primera vez, han venido a Alicante para colaborar en la extinción. A pesar de la petición formulada días atrás por el jefe de Bomberos en estas mismas páginas, los insultos estuvieron a la orden del día.
En el Salón Azul del Ayuntamiento decenas de personas se movían nerviosas de un lado a otro, muchas de ellas formaban parte de las fiestas de municipios vecinos. Veinte minutos antes de la medianoche hacía su aparición la Bellea del Foc, emocionada porque iba a quemar «mi hoguera y la de todos los alicantinos».
Un millón de personas, según estimaciones oficiales, han disfrutrado durante estos días del arte más efímero. En el caso de la Hoguera Oficial, la obra que durante algo más de diez meses el alicantino Paco Juan ha modelado en su taller, se consumió en cuestión de pocos minutos por las llamas purificadoras del fuego de San Juan. Alicante se rindió un año más a su fiesta, y cientos de miles de personas venidas de otras poblaciones disfrutaron del rito del fuego y el agua.
El pirotécnico alicantino Pedro Luis Sirvent, de amplia experiencia en estas lides, fue el encargado un año más de colocar los efectos luminosos en la hoguera que permitieron que prendiera. «Para que el calor del primer momento no interrumpa ver la cremà» los efectos pirotécnicos se iniciaban con un fuego de atrás adelante. «Hemos puesto fuegos estáticos con mucha luz y una guirnalda de luces que cae del punto más alto de la hoguera», explicaba. Ésta ha sido una petición del artista de la hoguera que deseaba ver una lluvia de fuego sobre el monumento. En total, la masa explosiva utilizada fue de 70 kilos.
Echar la gasolina en el monumento para que se queme era cosa del constructor. Paco Juan introdujo en las zonas claves de su monumento el contenido de cuatro bidones de mezcla de gasoil y gasolina con los que la hoguera pudo prender. Cumplió su deseo de permanecer casi a pie de hoguera «por si no prende por lo que sea», manifestaba.