Dos horas y media es el tiempo que ha logrado dormir la Bellea del Foc y sus damas el viernes, tras pasar uno de los días más duros de todas las fiestas. Están alojadas desde el día 19 de junio en el Hotel Porta Maris de Alicante y tienen unas habitaciones con unas excelentes vistas al mar que no han podido disfrutar.
El de ayer también se presentaba complicado. Para poder estar listas a las once de la mañana tuvieron que levantarse entre las siete y las siete y media. Por turnos, que rotan cada día, van pasando a la sesión de maquillaje con Miguel Ángel Leal. La delegada de Bellezas, Lola Valero, las ayuda a vestirse para, por último, ponerse la mantilla. La cabeza ya se resiente y cada horquilla es como una banderilla, ya tienen heridas y, de hecho, alguna gotita de sangre aparece en la prenda que ya forma parte de ellas.
En los minutos de siesta que tuvieron el jueves ni siquiera se la quitaron, no merece la pena. Del descanso vespertino se olvidaron el viernes y el sábado, «imposible».
Ramos les coloca la mantilla a conciencia. Alrededor de 30 horquillas para que no se mueva ni con el viento más fuerte del mundo, y ayer soplaba fuerte de levante. Las jóvenes protagonistas del Fuego se desperezan y arañan todos los momentos de descanso que tienen. El parqué de la habitación es un sitio ideal para sentarse porque el suelo está frío. Ninguna se pone todavía los zapatos: el calzado y los aderezos será lo último en colocarse. En la habitación, además del pequeño botiquín con medicinas, pomadas y tiritas, no falta el Actimel y las vitaminas.
Inma se echa gel refrescante en los zapatos, para poder aguantar el día. Los pies no están sufriendo especialmente. Las orejas son las partes del cuerpo que peor lo llevan, y también los riñones. Las faldas se clavan en la cintura y, para evitar moratones, se colocan cojines, pero tantas horas sentadas y los momentos de plantón hacen mella.
La Bellea del Foc, Blanca, tiene una herida en la oreja izquierda. Durante la celebración del premio en Carolinas Altas en un abrazo le dieron un enganchón y se hizo una herida. Paola reconoce que los pendientes son una pequeña tortura porque, aunque no pesan, oprimen los lóbulos. Pero quien lo lleva peor es Rosalía porque tiene alergia a los aderezos y debe ponerse una pomada especial.
Las mujeres del Fuego reconocen que «la gente no sabe el esfuerzo que supone todo esto». No quieren quejarse porque admiten que están disfrutando, pero la semana de Fiestas supone para ellas un verdadero sacrificio. Deben estar perfectas a pesar de no haber dormido casi. El viernes se vistieron a las diez de la mañana y llevaron el traje hasta las cinco de la madrugada. El calor les está afectando. Confiesan que es lo que llevan peor, sobre todo en las mascletàs, que es cuando están a pleno sol y el corpiño de color negro atrae los rayos el sol. Y también el tener que aguantar hasta lo indecible antes de poder llegar a un aseo, porque no vale cualquier sitio. Debajo de la falda hay un ahuecador y unos pololos, tres capas que en verano suponen una fuente de calor extraordinaria.
Blanca se sienta ante el modisto para colocarse la mantilla. Hay gestos de dolor, porque algunos ganchos se clavan directamente en la cabeza. Por último, toca ponerse el azahar y la Bellea quiere llevarlo perfecto. «Es mi manía», confiesa. Explica que de las siete puntas que tiene, la de enmedio debe quedar sobre la ceja. Aunque los pies no le duelen, no siente la tentación de descalzarse en ningún momento porque posiblemente no volvería a calzarse, los pies se hincharían y no entrarían en los zapatos.
Beben mucha agua, comen fruta y no toman refrescos con gas, «porque se hincha la barriga y la falda aún aprieta más». Cuando el cansancio aprieta se toman una bebida energética. De comer, saborean sobre todo paellas, que es a lo que más les invitan. Y todas han perdido peso, «llevamos una sauna puesta todo el día», reconoce Paola, quien advierte que comen bien y, a continuación, confiesa que «esto no lo cambiaría por nada del mundo», e Inma sueña con que la Fiesta se alergue tres días más.
«Todas estamos felices porque nuestro sueño se ha hecho realidad», cuenta Blanca, mientras asegura que todos los días tienen varias anécdotas de la jornada. La que más le divierte es cuando una extranjera, tras fotografiarse con ella, le quiso pagar 5 euros. Ya no tienen secretos para mantenerse frescas: «Antes era dormir mucho. Eso sí, desayunamos fuerte para aguantar el día».