Ayer por la tarde se fallaron los premios de las Hogueras, cuyo galardón principal, el de la categoría adulta especial, fue a parar a la hoguera de Carolinas Altas. La concejal de Fiestas, Marta García-Romeu, fue la encargada de dar el nombre de los diez monumentos que se optaban a la condecoración máxima en sentido descendente -es decir, del menor puesto al mayor- y que, por unos momentos, se hizo eterno entre la incertidumbre y el silencio demoledor. Cuando García-Romeu nombró a la hoguera ganadora, un abucheo, tímido al principio y más descarado al final, inundó el salón.
El fallo comenzó bastante mejor, con premios más discretos como, por ejemplo, la calle y barraca mejor engalanada, y las hogueras infantiles. Hasta ese momento, cada galardón se recibía acompañado de un efusivo «¿bien!» general. De vez en cuando, se rompía un poco el buen rollo cuando los jueces, con un tono de voz bastante autoritario y molesto, soltaban frases como: «El tamaño sí importa», o «esperamos que en próximas ediciones no haya hasta 18 hogueras de cuarta categoría que visitar», o «estaría bien que las pegatinas tuvieran un troquel para despegarlas mejor».
Anécdotas aparte, lo cierto es que una entrega de premios no sería una entrega de premios si todos quedasen contentos.