La estética urbana y el civismo son dos aspectos fundamentales en el buen funcionamiento de las ciudades. La necesidad de recuperar la calle a través del lenguaje de la participación y la incorporación de elementos artísticos tradicionales y vanguardistas, dando la oportunidad sobre todo a los jóvenes para que se expresen de forma ordenada, constituye la filosofía bajo la que surge el programa Alicante por el graffiti sostenible, promovido por Inusa.
Se trata de una iniciativa que busca la intervención comunitaria con jóvenes de la ciudad de Alicante, un proyecto que pretende sentar las bases para emprender una serie de acciones estratégicas que logren mejorar los problemas de incivismo y vandalismo, a través de la educación y el apoyo a la cultura del arte urbano.
El progresivo abandono de los espacios tradicionales para la convivencia a nivel urbano ha hecho que sean ocupados por algunos colectivos de personas a los que la convivencia les importa bien poco. Muchos de los espacios tradicionales de reunión cívica para la tertulia y el mercadeo, fruto de su transformación urbanística han dado paso a espacios para el consumo de alcohol, la generación de suciedad y el incivismo en general.
Los muros o espacios verticales, dedicados tradicionalmente al arte del muralismo, han sufrido una regresión importante, ya no se contemplan espléndidos murales, ahora otro tipo de invasión cultural denominada hip-hop y en particular el graffiti ha ocupado esos espacios. En algunos casos son obras de arte, pero que no tienen nada que ver con el entorno y en el resto de las acciones, la mayoría, son vandalismo en forma de firmas.
Formación
Los destinatarios son jóvenes entre 14 y 18 años, que comienzan en el graffiti a partir de los llamados bombardeos (firmas), y que tienen dificultades en su formación personal y escolar, así como en la habilidad para la creación plástica. En el programa se incluye un curso de formación artística para jóvenes muralistas, así como intervenciones en diferentes escenarios de la ciudad.
Entre los objetivos, cabe destacar la mejora del entorno urbano a través del fomento de conductas basadas en el respeto, así como dar respuesta al problema del vandalismo fruto del incivismo de algunos graffiteros.
También se intenta ofrecer salidas al desarrollo creativo de la mayoría de miembros del colectivo de pintores y creadores urbanos en general, fomentar espacios de expresión entre jóvenes, y sensibilizar a la población en general para que valore la esencia artística del graffiti.
Otros objetivos son trabajar para la mejora de la estética y el medio ambiente urbano, y promover entre las instituciones y la ciudadanía el muralismo, el arte urbano, en general, y el civismo.
Se cuenta con la experiencia de programas similares que se han implantado en otras localidades de la geografía española y que cuentan con un gran apoyo por parte de la administración, con el reconocimiento ciudadano, y con resultados que avalan el éxito de los mismos.
Así, se puede hacer referencia al programa Pintamuros, que comenzó en el Ayuntamiento de Jerez en el año 2000, y que hoy en día se ha extendido por diversos ayuntamientos del territorio español, como Barcelona, Madrid, Albacete y Badajoz, así como en el entorno europeo, con casos como Belfast, Lyon y Lisboa.
En los datos estadísticos sobre estos programas, se aprecia cómo disminuye el número de permisos emitidos para pintar los llamados muros libres, espacios que se solicitan por jóvenes no pertenecientes al proyecto, mientras que aumenta la superficie pintada por los participantes del programa.
Al existir control municipal sobre los graffitis, se observa una disminución del coste de la limpieza de los mismos en zonas no habilitadas ni autorizadas, como ha ocurrido en el Ayuntamiento de Jerez, donde se ha pasado de 54.000 euros en el año 2000, a 6.700 euros en 2006.