«Por fin ha llegado, ya lo tenemos en Alicante», y no era el trasvase del Ebro, que quisieran los populares. Con indisimulada alegría, la candidata socialista a la Alcaldía de Alicante, Etelvina Andreu, presentaba al «compañero presidente» José Luis ante un desbordado pabellón Pitiu Rochel, con unos tres mil incondicionales.
Tan abarrotado estaba el recinto que no menos de un centenar de personas escuchó en el exterior la intervención del jefe del Ejecutivo. Algunos incluso tuvieron que salir a tomar el aire por el intenso calor que se soportó en el centro deportivo, caso del histórico sindicalista Javier Cabo. Dentro, los secretarios generales de CC OO, José de la Casa, y de UGT, Óscar Llopis. «Con la gente que hay aquí, bien lo podían haber hecho en la plaza de toros», apuntaba desde fuera el presidente de los vecinos de Rabasa, Antonio Balibrea.
Fuera les acompañaba una docena de trabajadores de Sintel, que reclamaba una solución tras ser despedidos por quiebra de la empresa. Aparecen en cada acto del presidente, aunque los manifestantes de ayer eran de Alicante: «La compañía estaba en 39 provincias, y allá donde vaya Zapatero habrá un trabajador de Sintel», decía uno de los concentrados.
Hubo otros invitados, esta vez sin intención. Los servicios de seguridad se pusieron en alerta al ver llegar al pabellón a una joven con dos espadas en la mochila. «La clase de esgrima es por el otro lado», le indicaron fuentes de la organización.
La deportista fue una de las pocas personas que acudió al Pitiu Rochel sin saber lo que se iba a encontrar. Se notó ayer que el PSOE de la Comunidad Valenciana tiene hambre de títulos, como el Madrid. Llegaron autobuses de toda la provincia repletos de incondicionales con sus camisetas: Mutxamel crece o María alcaldesa de Santa Pola eran algunos de los lemas que se podían leer. Miembros de las Juventudes Socialistas llegaron desde Villareal, pero es que casi son profesionales. Siguen la caravana de Pla por toda la Comunidad: «Hoy Alicante, mañana Sagunto y pasado...», enumeraba resignada una de las gruppies.
De entre todas las agrupaciones socialistas, quien demostró mayor dominio de la escena fue la de Elche. Ningún cartel de Etelvina por dos de Alejandro Soler, uno de ellos situado justo enfrente del escenario, en el palco de honor, tapando el escudo local.
Tamborrada
Pero la ilusión se iba derritiendo con el calor que hacía en el pabellón. La batukada no ayudó a soportar el sofocón, pese a su animosidad. Entre los tambores y los grados en el recinto, a más de uno le pareció que estaba en la playa de Ipanema, sobre todo en la parte superior. Uno de los que más sufrió fue el escritor Mariano Sánchez Soler, apoyado en una pared.
Del bochorno no se libró nadie, ni el propio presidente, que estaba más empapado en el escenario que Camacho en el Mundial de Corea. Con humor salió del trance: «A sudar la camiseta» en busca de votos, les dijo a sus fieles.
Cualquier comentario de ZP levantaba el pabellón en aplausos. De hecho, los abanicos se convirtieron en banderas ondeantes cuando paró la tamborrada y comenzó el himno socialista. Y entró el presidente, tras una comitiva encabezada por Pla y Etelvina, eufórica ayer. Estaban en un mismo sitio su «compañero» José Luis y su «maestro y amigo» Bernat Soria, al que se refirieron en varias ocasiones, y que se tuvo que levantar a saludar.
A quien casi le saludan, pero en el rostro, fue al humorista suicida, un invento del programa de Santiago Segura en La Sexta. Apareció con un megáfono lanzando consignas del PP. Con lo bonito que había sido todo hasta entonces.