Una de las figuras musicales de la España del siglo XX, con proyección internacional. Óscar Esplá, de tantas resonancias alicantinas, pero relativamente poco valorado, estimado y ensalzado proporcionalmente a su real valía, ha sido objeto de una conferencia de Luis Español, escritor, traductor e investigador francoespañol, en el Casino de Alicante. El Instituto Juan Gil-Albert de la Diputación de Alicante se ha apuntado un tanto con la organización del acto, que, cuando menos, ha servido para recordar algunos aspectos de la vida y de la obra (no sólo musical) de Esplá.
Una de las cuestiones más interesantes que planteó Luis Español en su Exilio y dignidad en la trayectoria de Óscar Esplá es la condición de figura doblemente exiliada, como uno de los más significativos representantes de la que Español denomina la tercera España, la España liberal amenazada y perseguida por ambos bandos durante la Guerra Civil, si bien Esplá seguiría exilado bastantes años más, tras terminarse la contienda, por su condición de republicano y de liberal.
Es muy elocuente el dato de que Esplá, republicano convencido y progresista, como lo fue uno de los ideadores de la República, Ortega y Gasset, terminara diciendo de ella, más o menos, lo que unos años antes dijera Ortega: «No es esto; no es esto». Los hechos hablan. Esplá, nombrado director del Conservatorio Nacional el 19 de agosto de 1936, abandona España en septiembre y se marcha a Bélgica porque no se sentía seguro en la zona republicana.
Pero no se pasa a la nacional. Mantiene su republicanismo liberal y en la Bélgica invadida por Alemania elogió a artistas judíos y criticó a músicos admirados por Hitler, lo que le creó problemas con las fuerzas de ocupación nazis; problemas que siguieron con la dictadura franquista que hasta se incautó de los derechos de autor por su trayectoria republicana, la que le impidió volver hasta pasados catorce años. Nunca se sometió al régimen y se negó a colaborar en la celebración de los 25 años de paz. Con un par, el mismo par que demostraron tener los compositores Fernando Remacha y Xavier Montsalvatge.
Igual que Ortega y Gasset y otros intelectuales liberales, Esplá tenía la impresión de que a aquella República (no la República por la que habían luchado los mejores) la habían dinamitado desde dentro hasta el punto de que ni él, ni muchos como él, podían estar seguros. Luego vino el otro gran exilio, el de los vencidos, entre ellos talentos liberales y menos liberales.
Son reflexiones a raíz de una conferencia que el Gil-Albert haría bien en editar como homenaje (uno de tantos como se le tienen que hacer, con actos y con publicaciones) a un alicantino tan ilustre como Óscar Esplá.