La Semana Santa de Orihuela ha terminado. Entre chaparrón y chaparrón todas las procesiones, a excepción de la general de Viernes Santo por la noche, pudieron salir a la calle aunque en muchas ocasiones tuvieron que aligerar el paso en los últimos metros para evitar que la lluvia dañara el rico patrimonio que atesoran las distintas cofradías, hermandades y mayordomías. En la madrugada del domingo la Hermandad de la Resurrección pudo salir a la calle sin problemas. Desde la iglesia de las Santas Justa y Rufina partió el cortejo de túnicas blancas pasada la medianoche y recorrió los pocos metros que separan la parroquia de la Plaza Nueva. Allí, una lluvia de Aleluyas cayó sobre la imagen del Resucitado y de la Virgen Dolorosa, ambos a hombros de los hermanos y hermanas de la agrupación.
El júbilo y la alegría de la Resurrección continuó en la mañana del domingo. A mediodía la Plaza de Las Salesas, frente a la Universidad, era un hervidero de niños y mayores tambor en ristre. Muchos eran de juguete, en especial los de los más pequeños, lo que no fue un problema para que los aporrearan hasta dejar casi sordas a los sufridos padres y madres que empujaban los carricoches. Pequeños que apenas sabían andar se manejaban bien con el tambor, por lo que seguro que en cuanto pasen unos años pasarán a formar parte de la banda de la hermandad que preside Joaquín Almagro. Los tambores hicieron un recorrido por el casco histórico de la ciudad y las procesiones se cerraron con el regreso de la Dolorosa desde Santa Justa hasta el Monasterio de San Juan de la Penitencia en la que permanecerá guardada hasta el año que viene.